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Si estos pensamientos y estas palabras son oportunas, reflexione sobre ellas y, con la ayuda del Espíritu Santo, actúe con conciencia. Creo de todo corazón que son el mapa de carreteras digno de confianza para llegar a su vida y su familia.

martes, 3 de julio de 2012

¿Quién es su prójimo?


 


Por Erin Gieschen


La parábola del Buen Samaritano es muy conocida. Sin embargo, hay más en el mensaje de lo que solemos pensar.

La historia del Buen Samaritano en Lucas 10 es tan representativa, que su personaje principal se encuentra registrado en los diccionarios. Sin embargo, en la parábola hay más de lo que nuestra interpretación común sugiere. Debemos recordar que la historia en sí era una respuesta a la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” Si bien la parábola tiene que ver con la ayuda a los maltratados, los indefensos y los olvidados, Jesús quiso enseñarnos más: cómo reconocer los múltiples rostros de nuestro “prójimo”. Él estaba ilustrando lo que era su amor, y diciendo que todos debían amar de la misma forma a los demás —no solo a aquellos que amamos por naturaleza, o que pensamos que merecen nuestra ayuda. He aquí algunos ejemplos de quien puede ser su prójimo:

Alguien que no me respete o no me entienda. Ya se trate de una persona o de un grupo al que podemos etiquetar como “enemigo”, la parábola de Jesús enseña que usted está llamado a amar a quienes le aborrecen.  Por otro lado, el resentimiento de los samaritanos contra los judíos era profundo: se sentían completamente malinterpretados y perseguidos. Pero el héroe de esta historia eligió el amor. Entre las personas a las que Dios nos llama a extender la mano están las que nos han juzgado mal, y también a las que nosotros pudimos haber juzgado antes. Nos guste o no, esas personas son nuestros “prójimos”.

Alguien a quien no conozca, y de quien no sea responsable. En teoría, la mayoría de los cristianos sabemos que Dios “amó de tal manera al mundo” (Jn 3.16), y que no tiene ningún favoritismo (Ro 2.11), pero en la práctica tenemos la opinión de que debemos ocuparnos solo de nosotros mismos.

Alguien a quien no resulte oportuno amar. De cierta manera la compasión del samaritano arruinó sus planes personales. No solo se detuvo a ayudar, sino que también dio lo que necesitaba, a alguien que probablemente no sobreviviría. El viaje desde el camino de Jericó hasta la posada más cercana era largo y agotador a pie, por no decir peligroso. Luego, una vez en la posada, no echó sobre alguien más a la persona del “problema” para volver a ocuparse de sus asuntos.

¿Ayuda usted a los necesitados solamente cuando eso no le causa ninguna molestia? ¿Tiene usted algunas condiciones en cuanto a quien ayudará o no? Aunque es cierto lo que dice el refrán popular: “No se puede salvar a todo el mundo”, nunca debemos permitir que eso enmudezca la voz del Espíritu Santo. Si Él nos está diciendo que respondamos a una necesidad que pudiera no ser oportuna, lo más sabio es seguir su dirección y dejarle las consecuencias a Él.

Alguien que no pueda darme las gracias ni pagarme. Es propio de la naturaleza humana querer recibir crédito por el bien que hacemos, sobre todo si hemos hecho algún tipo de sacrificio. Aun como creyentes, podemos sentirnos tentados a afirmar que estamos “dando gloria a Dios”, cuando lo que realmente queremos es la gratificación del reconocimiento por nuestros esfuerzos.

El samaritano sabía que el hombre que estaba medio muerto no era capaz de expresar agradecimiento ni de devolver la ayuda que había recibido. Cuando llegara el momento de su recuperación, el desconocido que lo ayudó se habría marchado hace tiempo. En Mateo 6.1-4, Jesús explica cómo debemos tratar a los necesitados. Nos enseña que debemos dar a los demás en secreto, intencionalmente, y sin pregonar lo que hemos hecho para recibir elogios.

Alguien por quien valga la pena arriesgarme, aunque tenga mis temores. En el último discurso que pronunció Martin Luther King, relató su propia experiencia por el antiguo camino de Jericó. Cuando vio el traicionero y sinuoso camino, se dio cuenta de cuán preocupados debieron haber estado el sacerdote y el levita de Lucas 10 en cuanto a su propia seguridad, al ver al hombre moribundo.

Alguien que es amado y valorado por Dios, a pesar de mis prejuicios. Los líderes religiosos solo vieron a un hombre indigno, que podía trastocar sus vidas o causarles daño. Mientras que el samaritano vio a otro ser humano que merecía ser tratado con dignidad.

Alguien a quien tengo los medios para demostrarle amor. No siempre es fácil amar a alguien en la misma medida que nos amamos a nosotros mismos. Por el contrario, eso exige la decisión de reconocer la verdad acerca de cómo Dios ve a esa persona, y nuestra voluntad de actuar.

En primer lugar, aunque usted tenga reservas, Él le ha preparado para que sea sus manos y sus pies, y por tanto, le dará lo que quiere que usted dé. En segundo lugar, la persona que Él ha puesto en su camino tiene algo que darle a usted: la oportunidad de crecer espiritualmente. Si el Señor le dirige a alguien que tiene una necesidad, lo más probable es que Él también tenga la intención de utilizar a esa persona en su vida. Solo tiene que mantener sus ojos y sus oídos abiertos para recibir de esa persona cualquier cosa con la que el Señor quiera bendecirle. Porque, al fin y al cabo, usted también es el prójimo de alguien.

Fuente: Tiempo de Esperanza

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