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Si estos pensamientos y estas palabras son oportunas, reflexione sobre ellas y, con la ayuda del Espíritu Santo, actúe con conciencia. Creo de todo corazón que son el mapa de carreteras digno de confianza para llegar a su vida y su familia.
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viernes, 27 de diciembre de 2013

Perdoname Dios...



Sr. Jesus, en esta hora y por este medio, te quiero pedir perdon, por cada 
uno de mis actos, mis palabras, mi forma de ser, por haber dudado de ti 
y cada vez que te tenia de frente darme la vuelta...
Dios mio, hoy estas lagrimas en mi rostro quiza no sean suficientes para
 lavar todo el mal de mi corazon, ni siquiera talvez para enjuagar el mal
 de un solo dia en mi corazon...
Que te puedo yo decir, si todo lo conoces tu de mi, a ti no puedo mertir... 
y aún asi lo hago y bien lo sabes tu. Cuando cada sonrisa falsa hay detras
 una amargura y solo vengo a ti cuando algo anda mal, como podre yo 
mirarte de nuevo si apenas puedo levantar mi cara frente a ti,
 avergonzado estoy y si quiera soy digno de ti, como tocarte si estoy 
lleno de suciedad, 
Perdoname Señor
Talvez me aparte de nuevo de tu camino,  siempre termino haciendolo,
 mas tu Señor, eres bondadoso conmigo siempre, tanto te debo a ti que 
no podria pagar ni aun en la eternidad y todo porque me amas...
Perdoname mi Dios, Mi Buen Señor Jesús...

viernes, 4 de octubre de 2013

Publicidad que busca el corazón antes que el bolsillo



Un anuncio viral recorre el mundo haciendo llorar y reflexionar a millones de personas en todo el mundo.
No importa que al finalizar se sepa que el anunciante es una campaña de telefonía tailandesa, TrueMove H, o que sus protagonistas vivan a miles de kilómetros de distancia de nosotros. Más allá de las barreras geográficas o de 

idioma, los sentimientos y valores son comunes a todas las culturas. 
Eso lo corrobora algo tan evidente como que desde su aparición, más de nueve millones de personas de todo el mundo han visto ya este vídeo en YouTube.

EL CONTENIDO DEL VIDEO
La historia que se desarrolla relata cómo un niño es sorprendido robando medicinas para su madre enferma, y cuando va a ser castigado el dueño de un restaurante cercano se acerca, paga las medicinas y se las entrega. Además le ofrece un poco de comida.

Treinta años después, este hombre, ya anciano, tiene un grave accidente y tiene que ser ingresado en un hospital. Tienen que operarle, y su hija se encuentra desesperada porque no poder hacer frente al pago de la factura médica, por lo que se ve obligada a vender el restaurante.

Sin embargo, al despertarse tras quedarse dormida junto a su padre encuentra la factura del hospital a su lado que ha cambiado el total que debe pagar: nada. Y añade, “pagado hace 30 años”.

El médico que atiende a su padre es aquel niño de treinta años antes, que se ofrece a operar a su padre gratuitamente y correr con los gastos del hospital.

Bajo el lema "Dar es la mejor comunicación", las redes sociales se han encargado de divulgar el vídeo por todos los rincones de planeta, haciendo derramar lágrimas y pensar en algo más que el dinero por los cinco continentes
.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cuide de Su Corazón


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Por John MacArthur

 Es relativamente fácil confesar y abandonar obras de pecado, pecados de omisión, y pecado no intencional. Pero los pecados de nuestra vida mental son pecados que pintan el alma, pecados que dañan el carácter. Debido a que trabajan de manera tan directa en contra de la conciencia y voluntad, tratar con ellos honestamente y profundamente es uno de los aspectos más difíciles de la mortificación de nuestro pecado. Si alguna vez queremos ver progresos reales en la santificación, no obstante, ésta es un área donde debemos atacar y destruir nuestros hábitos pecaminosos con venganza.
El sabio del Antiguo Testamento escribió: “Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida.” (Proverbios 4:23).
Dios conoce nuestros corazones (Hechos 15:8). David escribió: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.” (Salmo 139:2-4). ¿Por qué, entonces, siempre nos sentimos libres en disfrutar de los pecados graves de nuestra imaginación —pecados que nunca cometeríamos ante los demás— cuando sabemos que Dios es el público de nuestros pensamientos? “¿no se habría dado cuenta Dios de esto? Pues El conoce los secretos del corazón.” (Salmo 44:21).
Jesús les dijo a los fariseos: “Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.” (Lucas 16:15). ¿No es infinitamente más importante lo que hacemos ante los ojos de Dios que lo que hacemos a los ojos de los demás?
Por otra parte, los pensamientos de nuestro corazón son la verdadera prueba de fuego de nuestro carácter: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” (Proverbios 23:7). “El hombre malo, el hombre depravado, Es el que anda…. anda pensando el mal en todo tiempo; Siembra las discordias.” (Proverbios 6:12-14). ¿Quieres saber quién eres en realidad? Tome una mirada a su vida en el pensamiento. Para “Como en el agua el rostro corresponde al rostro, Así el corazón del hombre al del hombre.” (Proverbios 27:19). El comportamiento externo no es una medida precisa de su carácter, los pensamientos de su corazón revelan la verdad. Sólo su conciencia y Dios pueden determinar la verdad real acerca de usted.
Los “consoladores” de Job lo acusaron falsamente de una vida de pensamientos impuros. Zofar estaba seguro de que entendía el verdadero problema de Job: “Si el mal se endulzó en su boca, Si lo ocultaba debajo de su lengua, Si le parecía bien, y no lo dejaba, Sino que lo detenía en su paladar” (Job 20:12-13 ). El cuadro que pintó del mal pensado es claramente cierto como la vida misma. Los malos pensamientos son como caramelos para ellos. Ellos derivan gran satisfacción de sus pecados imaginarios. Saborean sus fantasías malvadas. Disfrutan de ellos de la misma manera que un bocado del dulzor bajo la lengua. Los hacen rodar en su imaginación.
Pero juzgó mal Zofar a Job. Job se había protegido a sí mismo contra los malos y lujuriosos pensamientos: “Hice un pacto con mis ojos, ¿cómo podía entonces mirar a una virgen?” (Job 31:1). Él sabía que Dios era la audiencia a sus pensamientos. “¿No ve él mis caminos, Y cuenta todos mis pasos? Si anduve con mentira, Y si mi pie se apresuró a engaño, Péseme Dios en balanzas de justicia, Y conocerá mi integridad.” (v. 4‑6). Job negó que su corazón había seguido sus ojos (v. 7). Negó que su corazón había sido seducido por otra mujer (v. 9). “Porque es maldad e iniquidad Que han de castigar los jueces”, reconoció (v. 11). Ocultar la iniquidad en el seno, dijo, sería cubrir mi transgresión como Adán (v. 33). La sola idea horrorizaba su mente justa.
Está claro que Job era muy consciente del peligro de los pensamientos pecaminosos. Había sido consciente y deliberadamente puso en guardia su corazón para evitar ese pecado. Incluso ofreció a Dios sacrificios especiales por si acaso sus hijos habían pecado en sus corazones: “Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.” (Job 1:5, énfasis añadido). El salvaguardar cuidadoso de Job de su vida de pensamiento parece haber sido la razón de que Dios lo haya señalado por bendición única. “No hay otro como él en la tierra”, dijo el Señor a Satanás. “[Es] un hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (1:8).
Job entendió lo que los fariseos se negaron obstinadamente a ver: al hecho de que simplemente no hacer una mala acción, esto no justifica el deseo secreto. La lujuria es pecado. La codicia por sí sola es malvada. La codicia, la ira, el orgullo, la concupiscencia, la envidia, el descontento, el odio y todos los pensamientos malos son tan malos como el comportamiento que producen. Atesorar estos pensamientos en el corazón y saborear el pensamiento de ellos es un pecado particularmente grave contra Dios, porque añade hipocresía al mal pensamiento original.
(Adaptado de The Vanishing Conscience .)

sábado, 3 de marzo de 2012

¿En qué estado está tu corazón?


El Señor no mira lo que mira el hombre;pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón. 1 Samuel 16:7.


Un enfermo que pasó por una grave operación cardiaca contó: –Parecía estar bien de salud. Exteriormente todo iba bien, pero sin que lo supiera, estaba aquejado de una grave enfermedad, un aneurisma.


En lo concerniente a nuestra salud, nuestra apariencia puede engañarnos y hacernos peligrar. Esto también es cierto en la esfera espiritual y moral, pero tiene consecuencias mucho más graves. A los que nos rodean podemos parecerles una persona respetable, podemos gozar de buena reputación y tener una excelente opinión de nosotros mismos. Sin embargo Dios no nos juzga según nuestra propia opinión o la de la gente que nos conoce. Sondea nuestro corazón y lo declara incurable a causa del pecado. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Señor, que escudriño la mente, que pruebo el corazón” (Jeremías 17:9-10).


¿No hay, pues, ninguna esperanza de cura para el gran mal del pecado? Demos gracias a Dios: el que nos declara incurables también nos dice: “Venid luego… si vuestros pecados fueren… rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18). Aceptemos el remedio prescrito por el divino médico: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). Sólo Jesús salva al pecador mediante su obra cumplida en la cruz: “En ningún otro hay salvación” (Hechos 4:12). “El Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo” (2 Tesalonicenses 3:5).




Fuente: Reflexiones Cristianas