Cabecera

Si estos pensamientos y estas palabras son oportunas, reflexione sobre ellas y, con la ayuda del Espíritu Santo, actúe con conciencia. Creo de todo corazón que son el mapa de carreteras digno de confianza para llegar a su vida y su familia.
Mostrando entradas con la etiqueta Señor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Señor. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de febrero de 2014

Buscar al Señor nuestro Dios, ¡Y no las cosas!

buscar-a-Dios-Biblia1

“…EL SEÑOR. TE DA PODER PARA HACER RIQUEZAS.” (Deuteronomio 8:18 NVI)
Dios no niega “nada bueno. a los que andan en integridad” (Salmo 84:11 LBLA).Pero es importante reconocerlo a Él como la fuente de todas tus bendiciones, ¡y en eso nos quedamos cortos! Asumámoslo, “más” no siempre significa “mejor”.
De hecho, dependes menos de Dios cuanto más dependes de las cosas. Por eso la Ley de Levítico disuadía la formación de imperios. En el Antiguo Testamento, a los pobres se les hacían los préstamos sin intereses (Éxodo 22:15); se anulaban las deudas pendientes a los siete años (Deuteronomio 15:1-2); se liberaba a los esclavos y se les daban los medios para empezar de nuevo (Deuteronomio 15:12-14); los familiares rescataban las tierras perdidas (Levítico 25:25) y la propiedad vendida, perdida o no rescatada volvía a su dueño original (Levítico 25:14-17)¿Por qué? Porque Dios quería que su pueblo dependiera de Él, no de las pertenencias. Les advirtió:
“Cuando se hayan multiplicado… tus riquezas… No se te ocurra pensar: ‘Esta riqueza es fruto de mi poder y… fuerza’… Recuerda al Señor porque… te da el poder para producir esa riqueza…” (Deuteronomio 8:13-18 NVI).
Los principios de Dios no han cambiado. Andy Stanley señala que hacerte una lista de cosas que debes y no debes hacer es como tener a alguien dándote instrucciones. Si la persona te da un mapa, te guías por él, pero cuando sigues a la persona, te centras en ella. La Biblia no dice que Dios recompense a los que buscan cosas “diligentemente”, sino que Él “recompensa a los que lo buscan” (Hebreos 11:6).
La Conclusión: si dependes de cualquier otra cosa que no sea Dios, nunca triunfarás.
“No se preocupen por todo eso… su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades… y Él les dará todo lo que necesiten” (Mateo 6:31 NTV).

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Celebra en la paz del Señor junto a tu familia

la Vírgen, el Niño y los pastores







Celebra en la paz del Señor junto a tu familia, recordando que aquel bebé se hizo hombre y nos dejó las cosas que tenemos que guardar de su evangelio para poder ganar la vida eterna, y murió por nuestros pecados; y ahora está sentado a la derecha del Padre y en cualquier momento viene de nuevo con sus ángeles en las nubes a rescatarnos, para lo cual tenemos que permanecer convertidos a Cristo, velando el cumplimiento de las cosas que nos dejó escritas.
 No vaya a ser que se presente el Señor con sus ángeles un día de navidad justo cuando deleitan de vestido, comida, bailes, y licores; dándose en casamiento en estas fechas, porque así ocurrió en los tiempos de Noé.
 ¡Dios te bendiga y disfruta en la paz del Señor meditando en la palabra de Dios!

Hna Ada Luz Camargo

domingo, 31 de marzo de 2013

Creemos en un Señor vivo, Dios de vivos


 
Creemos en un Señor vivo, Dios de vivos
 Jesús no sólo nos dijo que la muerte no tenía que atemorizarnos, sino que era una puerta hacia la eternidad 
  “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” 1 Corintios 15:20.”Yo soy el primero y el último, y el que vivo y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos”. Apocalipsis 1:17– 18.

Creemos en la resurrección de Jesucristo. Es un aspecto fundamental de nuestra fe, un principio supremo en toda la experiencia cristiana. Creemos en un Señor vivo que es Dios de vivos. Esta realidad envuelve a los creyentes totalmente. Jesucristo es el único que ha recibido la autoridad de Dios Padre y ha sido investido de soberanía, tanto en los cielos como en la tierra. Por ello tiene la preeminencia absoluta sobre todo lo creado. No hay otro nombre dado a los hombres. Jesucristo es el Señor.

Cristo es el Hijo eterno de Dios. En su encarnación como Jesús de Nazaret fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María. Jesús reveló y cumplió plenamente la voluntad del Padre. Se hizo completamente hombre, mas nunca cometió pecado. Honró la ley divina con su obediencia personal, y con su muerte en la cruz proveyó la redención del hombre. Fue levantado de entre los muertos con un cuerpo glorificado y apareció a sus discípulos como la persona que estaba con ellos antes de ser crucificado. Resucitó y ascendió a los cielos y ahora está exaltado a la diestra de Dios el Padre, siendo el único Mediador entre Dios y los hombres, ya que tiene naturaleza divina y humana. Jesucristo volverá con poder y gloria para juzgar al mundo y para finalizar su misión redentora.

Se trata de un Alguien que ha condicionado profundamente las conciencias de centenares de millones de personas que han creído y creen en Él y en su mensaje, de Alguien que ha cambiado muchas vidas y les ha dado un nuevo sentido.

Han pasado casi 2000 años y hoy sigue siendo la figura central de la raza humana. Como diría un escritor “si juntáramos todos los ejércitos que han existido, todas las fuerzas navales que han surcado los mares, todos los Parlamentos que han deliberado y todos los reyes que han reinado veríamos que ni siquiera todos ellos juntos afectarían la vida de los hombres y mujeres de este planeta como lo ha hecho Jesucristo”.

La persona y la obra de Jesucristo y su resurrección constituyen el centro del cristianismo y su esencia fundamental.

A diferencias de otras religiones e ideologías, lo más importante del cristianismo no son las enseñanzas (con serlo) del fundador, sino la persona misma, lo que fue, lo que dijo y lo que hizo. Y lo que es.

A ese Jesús que no probó racionalmente cómo es que el dolor y el sufrimiento pueden resultar compatibles con el amor de Dios, sino que tomó sobre sí mismo en la cruz, de manera voluntaria, todo aquello que estaba en oposición al amor de Dios y por medio de su dolor y sufrimiento mostró el amor mismo de Dios.

No sólo nos dijo que la muerte no tenía que atemorizarnos, sino que era una puerta hacia la eternidad. Y Él mismo resucitó de entre los muertos y su tumba vacía refleja una luz de seguridad y esperanza.

Que Jesús sea el centro de esta Iglesia, de cada mujer y hombre que la componen, a fin de renovar nuestro compromiso y fidelidad en proclamar el Evangelio como testigos de Jesucristo, viviendo como es digno y se espera de los discípulos seguidores del Maestro (Colosenses 3: 1-4) en un mundo tan necesitado hoy, como siempre, de Aquel que es la luz del mundo, vida y respuesta de los anhelos del ser humano.

Los métodos y formas podrán cambiar, pero no nuestro mensaje: PREDICAMOS A CRISTO CRUCIFICADO Y RESUCITADO. Autores: Manuel Sarrias

©Protestante Digital 2013

martes, 16 de octubre de 2012

¡MI SEÑOR Y MI DIOS!

 
 Charles R. Swindoll
  Cuando Jesús invitó a los doce a venir con Él a Betania, en dónde Él planeaba resucitar a su amigo Lázaro, para que ellos creyeran, esta alma abatida se encogió de hombros y dijo, "Vamos nosotros también para morir con Él" (Juan 11:14–16). Más tarde, cuando Jesús habló de su plan para dejar la tierra, regresar a la gloria y "preparar un lugar" para sus seguidores antes de regresar por ellos, el mismo triste individuo no pudo entender lo que Jesús decía.  Así que dijo en un tono sarcástico:  "Señor, si no sabemos adónde vas, ¿Cómo vamos a conocer el camino?" (14:5). ¿Su nombre? Como usted probablemente ya lo adivinó, es Tomás. Mientras que sus colegas estaban al borde de sus asientos, recibiendo las palabras de Jesús, Tomás se recostaba, frunciendo el ceño. Meras palabras no lo movían. Su naturaleza reflexiva no bajaba su resistencia. ¿Y qué cree? La misma tarde después de que Jesús resucitó y se paró delante de ellos, para traerles palabras de paz y de tranquilidad, ¡Tomás se perdió de la visita!  Poco después cuando los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!”  Tomás no les creyó. Más bien, dijo: "sino veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré" (20:25).
Jesús no se apresuró para convencer al hombre. Por ocho días, el Señor esperó pacientemente. ¿Quién sabe cuántas veces los otros trataron de persuadir a Tomás? Probablemente la alegría de los otros solo cimentó más sus dudas. Hasta que de repente un día, de imprevisto, Jesús regresó, y caminó a través de puertas cerradas, parándose directamente en frente de Tomás. Sin una palabra de reproche o de vergüenza, Él simplemente le mostró sus palmas y movió su túnica para invitar gentilmente al enmarañado individuo a tocar las cicatrices dejadas por los clavos y la lanza, instándolo a creer.
¡Eso fue todo!
Sin vacilación, Tomás se inclinó y exclamó, "¡Mi Señor y mi Dios!" (20:27–28). La historia no termina allí. Continúa en esta época navideña. ¿Por qué diría yo eso? Por la manera en la que Jesús le contestó a Tomás cuando finalmente él creyó: "¿Porque me has visto, has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron" (20:29).
Hay muchos que consideran casi imposible creer en Cristo el Señor. Otros creen en Él, pero aún como cristianos, se identifican con aquel melancólico y reflexivo discípulo —y batallan para creer lo que Jesús ha prometido claramente.
¿Le suena familiar? ¿Está luchando con las palabras de los villancicos que anuncian gran alegría? ¿Le causan las navidades un peso sobrecogedor en lugar de proveerle de un tiempo de descanso, reflexión y regocijo? 
¡Tome aliento, mi amigo! Considere con ojos de fe la innegable evidencia. Lea otra vez la inspirada historia del nacimiento del Salvador. Recuerde que igual que como Jesús vino—en respuesta a una promesa—Él también ha prometido regresar por nosotros. Él regresará por aquellos que no le han visto, y sin embargo le han declarado "¡Mi Señor y mi Dios!"
 
Fuente: Visión para Vivir

domingo, 20 de noviembre de 2011

Obama: "¡Jesucristo es el Señor!"


En respuesta a un exaltado que interrumpió al presidente de EEUU acusándole de ser el Anticristo durante un mitin en Los Ángeles