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Si estos pensamientos y estas palabras son oportunas, reflexione sobre ellas y, con la ayuda del Espíritu Santo, actúe con conciencia. Creo de todo corazón que son el mapa de carreteras digno de confianza para llegar a su vida y su familia.

martes, 7 de mayo de 2013

Ese es Dios, porque no existe la coicidencia

Que quiere hablar contigo.
¿Alguna vez has estado pensando en alguien a quien amas y no lo has visto por largo tiempo, y la próxima cosa que pasa es verlo o recibir una llamada de esa persona?
¡ÉSE ES DIOS!
Porque no existe la coincidencia.

¿Alguna vez has recibido algo maravilloso que ni siquiera te lo imaginaste?
¡ÉSE ES DIOS!
Que conoce los secretos de tu corazón.

¿Alguna vez has estado en una situación problemática y no tenías ideas de cómo se iba a resolver, y de pronto todo queda resuelto sin darte cuenta?
¡ÉSE ES DIOS!
Que toma nuestros problemas en sus manos y les da solución.

¿Alguna vez has sentido una inmensa tristeza en el alma y al día siguiente la tristeza ha pasado?
¡ÉSE ES DIOS!
Que te dió un abrazo de consuelo y te dijo palabras dulces.

¿Alguna vez te has sentido tan cansado de todo, al grado de querer morir y de pronto un día sientes que tienes la suficiente fuerza para continuar?
¡ÉSE ES DIOS!
Que te cargó en sus brazos para darte descanso.

¿Alguna vez has sentido que tienes tantos problemas y todas las cosas ya te están saliendo mal, y de pronto un día todo está resuelto?
¡ÉSE ES DIOS!
Que tomó todas las cosas y las puso en su lugar.

Todo es tan sencillo como
ponerse en las manos de DIOS.

¿Piensas que este mensaje te fue enviado accidentalmente?
¡FUE DIOS!
Que me iluminó y me recordó que estás ahí, que eres mi amigo.  Sólo si crees en DIOS, envía este mensaje a las personas que quieres y comparte con ellos el poder de DIOS.

Recuerda y recuérdales que en todo lo que hagamos debemos acordarnos de ÉL, debemos agradecerle todos los días las bendiciones que nos regala, y tener siempre fe en que esas bendiciones continuarán multiplicándose. Ten presente que nadie te obliga a hacerlo y que no debes sentir vergüenza de manifestar tu fe en DIOS.

jueves, 2 de mayo de 2013

La fuerza del perdón en la Biblia.


perdonar-en-la-biblia-2“…PERDONÁNDOOS UNOS A OTROS, COMO DIOS TAMBIÉN OS PERDONÓ A VOSOTROS…” (Efesios 4:32)


La fuerza del perdón es extraordinaria. Ninguna relación humana puede sobrevivir sin ella, y mucho menos prosperar. Sea cual sea el problema, el perdón libera a las dos partes implicadas, le arranca un arma a satanás y abre la puerta para que Dios intervenga en la situación. La familia es el entorno donde el perdón más se necesita; es más fácil perdonar a un enemigo al que apenas se ve que a un ser querido con quien tienes que convivir a diario. Sin embargo no hay alternativa; tienes que perdonar. Según George Herbert: “Aquel que no perdona a alguien destruye el puente sobre el cual tiene que pasar él mismo”. Escribe Pablo: “Vestíos… de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros…” (Colosenses 3:12-14).
Ensénales a tus hijos a perdonar. Si son testigos de tus arrebatos de ira, haz que también vean cuando eres bondadoso. Enséñales a tratar con la ofensa sin atacar al ofensor y a entender que es posible hacer que las diferencias de opinión lleven a tomar decisiones que beneficien a todos, y que como miembros de una misma familia, se puede estar “equivocado” y sin embargo ser tratado con respeto. Quizás tengas que enseñarles algo que a ti no te enseñaron; si es así, aprende de los errores de tus padres y no se los transmitas a tus hijos. “…No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:26-27). En otras palabras, perdona cuando estás herido y no te acuestes con resentimiento.

miércoles, 1 de mayo de 2013

‘Ven, ¡verás cosas aún más grandes que estas!


 

‘Ven, ¡verás cosas aún más grandes que estas!’
 
Felipe aparece en la escritura como aquel que busco a Natanael.Le dijo: “Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, el hijo de José, aquel de quien escribió Moisés en la ley, y de quien escribieron los profetas” (Jn 1:45).

Natanael responde como una persona prejuiciosa “¡De Nazaret!, ¿Acaso de allí puede salir algo bueno?”.Tenía dificultades para aceptar la propuesta. Nazaret era un pueblo sin importancia por su pequeñez y señalado en la ruta de las caravanas, lugar impuro, mezcla de gente y costumbres.
La periferia genera duda, desconfianza, riesgo e inseguridad.Quizás, algunas veces nos parecemos a Natanael. No estamos abiertos a otros y colocamos a las personas en determinadas categorías, como Natanael en principio lo hacía con Jesús.

Entre la gente y los religiosos de esa época estaban aquellos que no supieron identificar a Jesús.Algunos decían que no sabían de donde vendría el Cristo mientras que otros decían que vendría del linaje de David y de Belén (7:25-27 y 41-44). Había contradicciones entre ellos y algunos se mantuvieron cerrados ante la presencia de Jesús. El Hijo de Dios está abierto para todos los que tienen fe pero permanece escondido para aquellos que lo rechazan.

Jesús mostró su apertura y revelación. Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba comento: “Aquí tienen a un verdadero israelita en quien no hay falsedad” (Jn 1:47). Esto fue una invitación a la reflexión.

”Los israelitas tomaban su nombre del patriarca Israel. Al nacer se lo llamo Jacob, “el que suplanta” aunque el sentido más antiguo de la palabra es “que Dios proteja”. Jacob vivió engañando. Génesis presenta a Jacob no como alguien a quien Dios protege, sino como una persona que vive por su astucia y el engaño. El cambio de su conducta aparece cuando lucho contra Dios y recibió el nombre de Israel (Gn 32:22-32). El saludo de Jesús a Natanael podría parafrasearse como, “un verdadero descendiente de Israel, en quien no hay Jacob.

Natanael se quedó sorprendido y pregunto ¿De dónde me conoces? Jesús le contesta “antes que Felipe te llamara, cuando aún estabas bajo la higuera, ya te había visto”. Todo esto puede ser un símbolo de la piedad de Natanael.Si estaba orando y si oraba por la venida del Mesías entonces las palabras de Jesús habrían dado con su verdadera situación interna.

Natanael confiesa “¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel!”. Jesús lo cuestiona con una pregunta, “¿Lo crees porque te dije que te vi cuando estabas debajo de la higuera?” Lo confronta en vez de felicitarle por esta declaración.Es como si le dijera no basta con esto. Lo cierto es que Jesús cuestiona nuestras confesiones y creencias .

Jesús desafía a Natanael a tener una visión más amplia: “¡Vas a ver aun cosas más grandes que estas!” y añadió “Ciertamente les aseguro que ustedes verán abrirse el cielo, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre” (Jn 1:49-51). Lo acontecido tiene relación con la visión de Jacob (Gn 28:10-22). Jesús se identifica como el único y verdadero vínculo entre el cielo y la tierra, entre Dios mismo y toda la humanidad .

Jose Luis de Jesús Miranda enfermo de Cáncer


José L. de J. Miranda es un hombre puertorriqueño de unos 60 años de edad, líder de la secta “Creciendo en Gracia” (CEG), con su sede principal en Miami, Estados Unidos.
En sus comienzos, el pequeño grupo que se denominó “Creciendo en gracia” lo proclamó como “Apóstol” en 1993. En 1988 se autoproclamó como “la encarnación del Apóstol Pablo”; el 2004 dijo ser “Jesucristo hombre”

sábado, 27 de abril de 2013

Esteban y Pablo


por C. H. Spurgeon

El sermón de Esteban es el texto en el que Pablo se basó para predicar toda su vida.
Esteban y Pablo Agustín comenta en una frase que se cita siempre en cada comentario sobre el libro de los Hechos que he leído: «Si Esteban no hubiese orado, Pablo no hubiera predicado nunca». Pero la oración de Esteban: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado» fue una súplica tan amplia por sus asesinos, que muy bien alcanzo a concebir que fijó su mirada llorosa en ese joven llamado Saulo, y que en sus pensamientos lo incluyó en esa petición, suplicando al Señor que no le tomara en cuenta eso; y el Señor no le tomó en cuenta, «porque» –suplicó- «lo hice por ignorancia, en incredulidad».

Creo que fue bueno que Saulo observara el suceso. […] Siempre que ustedes, que aman al Señor, vean u oigan a alguien practicando algo que sea malo, asegúrense de orar por esa persona, pues así es como hemos de ser «la sal de la tierra». La sal ha de ponerse siempre allí, donde la putridez comienza. […] Hay que hacer uso de las lámparas cuando llega la oscuridad; no las necesitamos sino hasta que el sol se ha ido, y llega la oscuridad. Así que, cuando perciban la oscuridad, enciendan sus velas; cuando perciban la putrefacción, esparzan la sal llevando al pecador delante de Dios en oración.

Pero existe también algo más que esto [lo observado por Agustín]. Si Saulo no hubiera estado allí, se habría perdido el beneficio del discurso de Esteban. El sermón de Esteban es el texto en el que Pablo se basó para predicar toda su vida.

Si lo examinan cuidadosamente, descubrirán que la disertación de Esteban es la raíz de la cual, por medio de la bendición del Espíritu de Dios, se desarrolla la teología de Pablo. Esteban le deja la pista de todo el argumento acerca de Sara y Agar incluido en la Epístola a los Romanos; y, también, toda la discusión acerca de que el padre Abraham fue justificado por la fe es parte del discurso de Esteban.

Y la Epístola a los Hebreos es otra planta que crece de la semilla que Esteban sembró en la mente de Saulo; se encuentran varias frases idénticas. En mi opinión, la razón por la que el discurso de Esteban se registró de manera tan íntegra, es porque Pablo viajó acompañado por Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, y porque Pablo le contó a Lucas lo que Esteban había predicado, pues parece que llegó directo a su alma, y se quedó instalado allí. Debe de haber sucedido así, pues moldeó todas sus epístolas, y se puede trazar la influencia de Esteban en cada rollo sobre el que Pablo apoyó su pluma.



jueves, 25 de abril de 2013

El Toque de Dios


Jesus


Daniel testificó: “Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos.” (Dan. 10:10). La palabra “tocó” aquí significa incautar o agarrar algo violentamente. Daniel estaba diciendo: “Cuando Dios puso su mano sobre mi, me puso sobre mi rostro. Su toque puso una urgencia en mí de buscarle con todo lo que hay en mí.”
Esto sucede cada vez que Dios toca la vida de alguien. Esa persona cae de rodillas. Y se convierte en un hombre o una mujer de oración, impulsado a buscar al Señor.
A menudo me pregunto por qué Dios toca solamente a ciertas personas con esta urgencia. ¿Por qué algunos siervos se convierten en buscadores hambrientos de él, mientras que otras personas fieles siguen su camino? Siervos tocados por Dios tienen una relación intima con el Señor. Ellos reciben revelaciones del cielo. Y ellos disfrutan un caminar con Cristo que pocos tienen.
Pienso en Daniel. Este siervo devoto fue tocado por Dios en una forma sobrenatural. Ahora, había muchas otras personas buenas y piadosas sirviendo al Señor en los días de Daniel. Estos incluían a Sadrac, Mesac y Abed-nego, como también Baruc, un escriba de Jerusalén. También un sin numero de israelitas mantenían su fe mientras estaban esclavizados en Babilonia. Algunos 40,000 de ellos regresarían a Jerusalén a reconstruir el templo.
Así que, ¿por qué Dios puso su mano sobre Daniel y lo tocó como lo hizo? ¿Por qué este hombre era capaz de ver y escuchar cosas que nadie más podía? Él declara: “Y solo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo,…” (Dan. 10:7).
Aquí esta la increíble visión que Daniel vio: “Y el día veinticuatro del mes primero estaba yo a la orilla del gran río… Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino y ceñidos sus lomos de oro…Su cuerpo era como de berilo y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido.” (10:4-6).
Esta era una visión de Cristo mismo, clara y vívida. En efecto, era la misma visión que le fue dada a Juan en la Isla de Patmos (ver Ap. 1:13-15). Ahora Dios le habló a Daniel en forma inconfundible: “Y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud.” (Dan. 10:6). Esto no fue un leve silbido o un susurro, sino el estruendoso sonido de un tumulto rugiente.
El Señor se le reveló a Daniel de esta manera por una razón específica: él quería poner fin a la larga hambruna de su Palabra. Él decidió que llegó el tiempo para darle un mensaje a la humanidad perdida. Y él quería que sus siervos supieran lo que él iba hacer y por qué: “He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días.” (10:14).
Pero Dios necesitaba una voz para que pronunciara su mensaje. Él quería un siervo de oración, alguien que respondería fielmente a su llamado. Daniel era ese hombre. Él estuvo orando devotamente tres veces al día. Y ahora, mientras él caminaba a orillas del río, Cristo se le reveló a él. Daniel fue destrozado por la experiencia. Él dice: “Sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. Quedé pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí… Pero oí el sonido de sus palabras.” (10:7-9).
Las Escrituras no identifican a los hombres que estaban con Daniel. Puede ser que fuesen guardas babilonios u oficiales gubernamentales. Después de todo, Daniel ocupaba un cargo de poder en el reino. En mi opinión, estos hombres eran israelitas, específicamente los amigos y asociados piadosos de Daniel. Sin embargo, si es así, ¿por qué huyeron? Daniel dijo que ellos no vieron ni escucharon nada. ¿Por qué se sintieron obligados a esconderse?
Esta es la razón: Dios estaba en el proceso de poseer a Daniel. Él estaba preparando a su siervo, cuerpo y alma, para recibir palabra del cielo. Y eso siempre es una visión asombrosa. Cada vez que Dios toca a uno de sus siervos de oración, él se manifiesta en esa vasija humana. Primero lo despoja de sí mismo, del yo, y luego él lo posee totalmente.

Fuente: MinistrosRecursosMinisteriales

martes, 23 de abril de 2013

El Verdadero Tiempo Según La Biblia

biblia-reloj-tiempo.ESPERA TÚ UN POCO PARA QUE TE DECLARE LA PALABRA DE DIOS” (1 Samuel 9:27)

He aquí un versículo bíblico antiguo con un mensaje actual: “Habían descendido al extremo de la ciudad, cuando Samuel dijo a Saúl:… espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios” (1 Samuel 9:27). Hoy en día se nos dice que para poder triunfar, tenemos que correr a cien millas por hora y no parar hasta que caigamos rendidos por la noche. ¿Cuál es el inconveniente de esto? Que nuestro caminar con el Señor se ralentiza de forma ostensible o incluso se detiene por completo. El exceso de actividad nos conduce a la esterilidad espiritual. Ser parte de la vida frenética puede resultar emocionante y gratificante, pero no deja espacio ni tiempo para Dios. Y no solo sucede en el campo laboral. Fijémonos en las madres con niños pequeños: cada minuto de su día está acaparado por esas criaturitas que demandan toda la atención, pintan garabatos en las paredes, llenan la casa del barro de sus zapatos y por si fuera poco se atreven a despertar a los padres durante la noche.
Si algo de eso te está ocurriendo, tienes que hacer una pausa y decir: ‘¡Tiempo! Me niego a que mi vida espiritual trascurra en piloto automático, repitiendo oraciones sin sentido y hojeando una Biblia que no estudio, ni por la cual me rijo. Estoy dispuesto a pagar el precio necesario para caminar con Dios.‘ Llegar a ese punto no va a ser fácil. Tendrás que rechazar ciertas cosas y correr el riesgo de no agradar a la gente. Sin embargo es la única forma en la que vas a estar en paz con Dios y en buena disposición para escuchar sus mensajes. Nadie dijo nunca que la vida cristiana fuera fácil, pero ¿hay algo en este mundo de mayor importancia o más gratificante?