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Si estos pensamientos y estas palabras son oportunas, reflexione sobre ellas y, con la ayuda del Espíritu Santo, actúe con conciencia. Creo de todo corazón que son el mapa de carreteras digno de confianza para llegar a su vida y su familia.
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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cruzando mi Jordán


 
  Cruzando mi Jordán

Aquí en la ribera, en el margen de este desafío me encuentro, intentando cruzar mi propio Jordán.

 Cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca se mojaron en la orilla del agua (porque el Jordán se desborda por todas sus riberas todos los días de la cosecha), las aguas que venían de arriba se detuvieron y se elevaron en un montón, a una gran distancia en Adam, la ciudad que está al lado de Saretán; y las que descendían hacia el mar de Arabá, el mar Salado, fueron cortadas completamente. Y el pueblo pasó frente a Jericó . (Josué 3:15-16)

Sé que no es fácil extender los brazos y depositar mi espera en ti.


No resulta sencillo confiar plenamente en tu hombro divino y descansar mientras los enemigos acechan.


Pero, es eso lo que tú me pides. Que camine con fe por un adusto sendero depositando toda mi confianza en ti.

 Tengo frente a mí un río caudaloso. Las aguas están a punto de desbordarse y yo temo ser arrastradas por ellas.
 Aquí en la ribera, en el margen de este desafío me encuentro, intentando cruzar mi propio Jordán.

Si cierro los ojos y emito una oración estoy segura de que mi voz no quedará flotando inerte en el aire, como siempre, la acogerás y me darás una pronta respuesta.


Estoy aquí ante este río, y tú tienes un plan para conmigo.


Me sobrecoge la idea de verme rebasada por la turbación. Sentir el desconcierto que precede al temor y comenzar a dudar de que tú vas por delante.

 Respiro… ¡Dios mío no me abandones!

En cuanto uno de mis pies pise la orilla del río, las aguas serán abiertas.


En el instante preciso que decida dar el primer paso, tú separarás milagrosamente las aguas.


El prodigio surgirá si yo confío en que sea realizado. Si desalojando dudas me posiciono ante las aguas caudalosas y confío plenamente en tu poder.

 Tú no vas a intervenir si yo no doy el primer paso.

Tú no vas a hacer nada si yo sigo titubeando, pensando rudamente que no voy a poder.


Si muestro coraje y valor, me enfrentaré al problema con la gallardía suficiente para vencerlo.


Si solamente me atrevo a ir adelante y con valentía me arraigo a tus promesas, todo esto pasará. Huirá de mí como huyen los enemigos ante invencibles adversarios. Desaparecerán dejando una estela de palabra cumplida.

 Todos tenemos nuestro propio Jordán. Todos podemos cruzarlo si confiamos en aquel que nos ha dado poder para hacerlo.

Muchas son las veces en las que nos limitamos porque hay voces que nos instan a permanecer inmóviles, inactivos. No podemos obviar que somos lo que Dios dice que somos y podemos hacer todo lo que Él dice que podemos hacer. Nunca subestimes el poder de Dios en tu vida. Somos más que vencedores en su nombre, por lo tanto, podemos hacer proezas.
 
Autores: Yolanda Tamayo
©Protestante Digital 2012
 
 

jueves, 9 de agosto de 2012

Eliminando piedras


 

Eliminando piedras
Sin pretenderlo, logramos hacerles un hueco en nuestras vidas.

 ¿A quién no le ha molestado en alguna ocasión una pequeña piedra dentro del zapato?

Casi todos hemos tenido esa experiencia. la dolorosa sensación producida por una inapreciable materia rocosa que, introduciéndose de forma enemiga dentro del calzado, hace que nuestro modo de andar sea modificado, obligándonos a desalojarla rápidamente antes de que nos provoque daño.

En la vida diaria solemos encontrarnos con otro tipo de piedras; desgraciadamente no tan fáciles de excluir. Pequeñas piedras de complejos, de sentimientos de culpa, piedras de frustraciones pasadas, de sueños incumplidos, de…

 Sin pretenderlo, logramos hacerles un hueco en nuestras vidas , acoplándolas en la rutina del día a día, potenciando su protagonismo en cada uno de los momentos que vivimos.

Un sin fin de problemas acometen en nuestra contra desarmándonos, haciéndonos sentir indefensos ante ellos.

En un desacertado impulso de liberación buscamos soluciones en fuentes estériles, lugares donde sólo recibiremos palmaditas en la espalda. La salida está tan cerca que no siempre logramos verla.

 Cuando Lázaro, ese gran amigo de Jesús murió, éste lloró su ausencia.

Antes de obrar el milagro de la resurrección Jesús dijo:  QUITAD LA PIEDRA .

¡Que locura aquel imperativo! ¿Quizá no era consciente del tiempo que había transcurrido? ¿De qué aquella cueva tan sólo albergaba muerte?

Pero milagrosamente, después de quitada la piedra, Lázaro pudo abandonar la tumba y volver a la vida.

 Puede que la solución sea tan sencilla como deshacernos de esas piedras que obstaculizan la salida, que desalojando la cueva donde estamos cautivos podamos sentir el gozo de la libertad .

Los imperativos pueden parecernos un desacierto, sin embargo, poseen efectividad cuando los pronunciamos en el nombre de Jesús.

 Aunque la teoría siempre es fácil, es el primer paso antes de pasar a la acción . Un peldaño a subir en la elevada escalera que nos llevará a conseguir una vida más cercana al Padre, más auténtica , con menos tendencia a la queja y mucho más presta al gozo y al contentamiento .
 
Autores: Yolanda Tamayo
©Protestante Digital 2012