Desde los Estados Unidos ha penetrado y proliferado en América Latina el llamado “movimiento Palabra de fe,” o también conocido como “movimiento de Fe,” “teología de la prosperidad,” etc. Este movimiento tiene sus raíces en el movimiento carismático, y su énfasis consiste en predicar, afirmar y prometer a la gente entrar en contacto con un Dios que da poder, abundante riqueza y buena salud permanente
Foto: Los falsos maestros Copeland
Falsa religión
“La teología del movimiento palabra de fe ha convertido al cristianismo en un sistema que no es diferente de la más baja de las religiones humanas” MacArtur (1992, 265).
MacArtur está en lo correcto. La prédica y las prácticas de los líderes de este movimiento demuestran que Dios está al servicio del hombre y sus necesidades, y que el hombre sólo tiene que saber cómo “liberar” el poder de Dios para obtener lo que quiera.
Los predicadores de la teología de la prosperidad prometen a las gentes que solamente tienen que darles dinero a ellos, y que ellos orarán por los contribuidores para que Dios les devuelva lo que han dado, incluso multiplicado por 100.
Gloria Copeland explica esta ley de la prosperidad de la siguiente manera:
“Usted da $1 por causa del evangelio y $100 pertenece a usted, dé usted $100 y reciba $1000, dé usted $1000 y reciba $100,000. Sé que usted sabe multiplicar, pero quiero que usted lo vea en blanco y negro y se dé cuenta lo tremendo que es el 100% de recompensa…. Dé usted una casa y recibirá 100 casas, o dé usted el valor de una casa y reciba 100 veces su valor. Dé usted un avión y recibirá 100 veces más el valor del avión. De un carro y recibirá de recompensa diez carros para toda la vida. En resumen, Marcos 10:30 es un buen negocio” (Copeland 1978, 54).
Buen negocio! Esta es la primera ley universal de la prosperidad enseñada por los predicadores y los seguidores de esta secta llamada movimientos de fe. Ellos creen contrariamente a la Biblia, que la fe es la llave maestra para poner en operación esta ley universal de la prosperidad.
Estos predicadores de la prosperidad enseñan que la leyes universales de la prosperidad pueden ser puestas en funcionamiento mediante nuestra actitud y confesión positiva. Es decir, si decimos que queremos tener algo y lo declaramos positivamente que ya lo conseguimos, entonces lo tendremos. Así, pues, nos dice Kenneth Copeland:
Tú puedes tener lo que afirmas! En efecto, lo que estás afirmando es lo que estás recibiendo ahora mismo. Si tú vives en pobreza, en miseria y en necesidad, cambia lo que estás afirmando. Ello cambiará lo que tienes ahora …tienes que disciplinar tu vocabulario. Tienes que disciplinar todo lo que haces, todo lo que dices, y todo lo que piensas tiene que concordar con lo que Dios hace, lo que dice y lo que piensa. Dios estará obligado a suplir tus necesidades porque así lo promete en su Palabra … si te mantienes firme en esto, tus necesidades van a ser satisfechas (Copeland 1974, 98,101).
Como muy bien lo afirma McConnell, los predicadores de la prosperidad, tales como Kennth Hagin, por ejemplo, creen que los verdaderos creyentes que son pobres materialmente están deshonrando a Dios (McConnell 1995, 173).
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En segundo lugar, quisiera decir que el Dios de los predicadores de la prosperidad no es el mismo Dios de la Biblia.
No tienen el mismo Señor de los cristianos
Tiene razón MacArthur cuando dice que los predicadores de la prosperidad lo tienen a Dios y a su Hijo como un santa Claus, listo para llamarlos cuando quieran y pedirle lo que quieran, y tiene que darles. “Pues estos predicadores no tienen el concepto bíblico de la soberanía de Dios”
“En los volúmenes que he leído del Movimiento Palabra de fe” continúa diciendo MacArthur, “no he encontrado ninguna referencia a la soberanía de Dios. La razón es clara: Estos maestros no creen en la soberanía de Dios. Según su teología, Jesús no tiene autoridad en la tierra, porque toda ésta lo ha delgado Él a su iglesia” (MacArthur 1992, 269).
Así que, si para estos predicadores de la prosperidad, el Señor no es soberano, y si Jesús no tiene ninguna autoridad sobre la tierra, entonces concluimos que su Señor no es el mismo Señor de la Biblia en quien creemos los cristianos. Porque, en efecto, la Biblia declara que Él es soberano (Salmo 103:19), y Jesús dijo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18; 1 Timoteo 6:15).
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