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Si estos pensamientos y estas palabras son oportunas, reflexione sobre ellas y, con la ayuda del Espíritu Santo, actúe con conciencia. Creo de todo corazón que son el mapa de carreteras digno de confianza para llegar a su vida y su familia.
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miércoles, 27 de marzo de 2013

Reflexiones sobre la muerte de Jesús


 Es necesario precisar desde un principio, que el Señor Jesús puso su vida voluntariamente en propiciación por nuestros pecados.

Él mismo lo declaro: “...Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar...” Juan 10:17-18

La venida del hijo de Dios en carne (Juan 1:14) estaba ya predestinada desde antes de la fundación del mundo, y su muerte no fue un hecho meramente circunstancial, sino que un designio eterno de Dios.

Lo que Cristo logró en la cruz es verdaderamente extraordinario y no tiene comparación. El tratamiento de nuestros pecados en la cruz, es una obra cuyo diseño es divino y no humano. No fue un hombre simplemente el que murió en la cruz, sino que fue Dios – hombre, el eterno Emmanuel.


No fue un ser creado quien murió en la cruz, sino que uno eterno, destinado desde antes de todas las cosas, tal cual lo declara el apóstol Pedro:

“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” 1 Pedro 1:18-20

Si hubiese sido un hombre quien murió en la cruz, lo ocurrido allí, habría sido un crimen o un martirio, y no una ofrenda en sacrificio voluntario. Cristo quiso morir por nosotros, a él nadie le quitó la vida, él la puso voluntariamente por nosotros.

Por consiguiente, jamás debemos concluir que Jesús fue asesinado porque Poncio Pilato no lo indultó, o porque Judas lo traicionó; Cristo murió porque Él quiso morir y el plan eterno de Dios ya lo había establecido así:

“Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” Hechos 4:27-28

Es realmente sorprendente observar las profecías mesiánicas y en lo particular, anunciando cientos de años antes que el Mesías vendría a morir.

El profeta Isaías escribe la más intensa y conmovedora de las narraciones que hablan de los padecimientos del Mesías. El capítulo 53 de Isaías es verdaderamente un relato de excelencia, cuya exactitud en cada detalle y descripción de los hechos que acontecieron siglos después, nos confirma indiscutiblemente su inspiración divina.

David inspirado por el Espíritu Santo, escribió el salmo 22, que al igual que la narración de Isaías, se muestra una detallada descripción de los padecimientos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Ya en el Getsemaní (prensa de aceite), el estado de Cristo es de una angustia intensa. No olvidemos que Él era Dios – hombre y padeció como tal. Sus temores y tristezas eran reales y no una ficción. Él necesitaba de sus amados discípulos pero todos le dejaron solo. Todos se durmieron mientras el Autor de la vida oraba.

El evangelio de Lucas presenta un antecedente exclusivo que nos permite entender aún más el grado de angustia que estaba padeciendo Jesús previo a su arresto:

“ Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” Lucas 22: 43-44

Esta condición es conocida en la medicina como “hematohidrosis” (sudor de sangre). Este fenómeno es muy raro, pero perfectamente documentado y que ocurre en condiciones excepcionales. El Dr. LeBec escribe: “Es un agotamiento físico acompañado de un trastorno moral, consecuencia de una emoción profunda, de un miedo atroz” (Le supplice de la Croix, Paris, 1925)

Esta agonía de Jesús no se debía tanto a los padecimientos físicos que pasaría, sino a la realidad de que los pecados y enfermedades de la humanidad vendrían sobre él. En su oración del huerto le dijo al Padre: “si quieres, pasa de mi esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya…” 
Fuente: Tiempo de Esperanza

domingo, 17 de marzo de 2013

Reflexiones breves para ministros muy ocupados

Esta gráfica, la cual ilustra el tema ‘Reflexiones para ministros muy ocupados’, proyecta expansiones a distintos niveles de percepción y entendimiento al concentrarse la mente del ministro de Dios en verdades y realidades relacionadas con sus deberes y ejecutorias.
Esta gráfica, la cual ilustra el tema ‘Reflexiones para ministros muy ocupados’, proyecta expansiones a distintos niveles de percepción y entendimiento al concentrarse la mente del ministro de Dios en verdades y realidades relacionadas con sus deberes y ejecutorias.

Ministerio de Enseñanza Nuevo Pacto
Por Ramón Oliveros Ochoa

1. Siervo fiel
Jesús anhela que sus siervos sean fieles, para darles premios (Mateo 24.45-47) y no azotes (Lucas 12.47). Los siervos fieles obran con obediencia completa tomando en cuenta no solamente el “qué” de lo que su Señor ha mandado, sino también el “cómo”, y más allá todavía, “quién”, “con qué” y “para qué”. Quienes se dan por satisfechos haciendo el “qué” y nada más, no son siervos fieles, y es muy probable que con el “qué” estén ellos obteniendo algunos beneficios para sí mismos, porque el “cómo” requiere una mayor obediencia del que aspira a ser Su siervo. “Quién”, “con qué” y “para qué” expresan la voluntad verdadera y pura de agradar al Señor, eliminando todo riesgo de que sea para sus propios vientres o para recibir gloria de los hombres.
Algunos ministros deberán decidir si le siguen siendo fieles al hombre y a la denominación, o se deciden para ser fieles al Señor. Los ministros que no entienden la palabra, no podrán ser siervos fieles aunque lo anhelen, porque se equivocarán ya sea en el qué, en el cómo, el quién, el con qué o para qué.

2. VERDAD PRESENTE
Si existe una verdad presente, eso implica que hubo una verdad pasada. La verdad pasada fue la ley de Moisés, y el propósito temporal de Dios (Gálatas 3.19) para ella fue crear el judaísmo como una religión de esclavitud que todo lo encierra bajo pecado, para que cuando viniera la simiente prometida, anheláramos la libertad (Gálatas 3.22-23 y 4.24-25). La verdad presente es el evangelio de Cristo, y el nuevo pacto nace por las promesas dadas a Abraham desde antes de aquella ley, de manera que el cristianismo nada tiene que ver con el judaísmo, porque con Jesús en la cruz, Dios nos brinda la oportunidad de que vivamos en libertad (Gálatas 5.1). Todo ministro cristiano debiera estar confirmado en la verdad presente (2ª. de Pedro 1.12) y haber sido perfeccionado para hacer esa obra, antes de que se le otorgara el ministerio (Efesios 4.12).

3. Defectos

Los defectos no impiden la entrada al reino de los cielos, el pecado sí. Cuando alguien se equivoca como consecuencia de un defecto, no pierde su salvación. Hay ministros que no soportan los defectos de sus esclavos –perdón, de sus ayudantes- y se enojan. El enojo es un pecado por el cual un ministro puede perder su salvación personal (Mateo 5.22), y no hay favoritismos, no hay excusas, no hay justificaciones. Quien quiera ser discípulo de Jesucristo, necesita aprender a tolerar los defectos de los demás (Efesios 4.2, Colosenses 3.13); y a ser intolerante con el pecado propio. Se supone que los ministros nunca debieran dejar de ser discípulos.

El enojo es una obra de la carne que debiéramos quitar de nosotros (Efesios 4.31 y Colosenses 3.8). En quienes ha florecido el fruto del Espíritu, está el amor (Gálatas 5.22), y el amor no les permite irritarse porque es benigno (1ª. a Corintios 13.4-5). Los enojos hacen perder la paz, lo cual es una derrota espiritual que al parecer no hemos identificado (Efesios 6.15, Mateo 5.9, Romanos 14.17, Hebreos 12.14).

4. BUENA TIERRA
Por lo general todos los ministros creen que son buena tierra, y así lo enseñan en su iglesia para promover las ofrendas y los diezmos. Y hacia el exterior, muchos grandes ministros afirman que su ministerio, iglesia o lo que sea, es buena tierra en donde a todo mundo le conviene sembrar, inclusive a los no creyentes. Sin embargo, de acuerdo con lo que dijo Jesús, buena tierra es aquel que escuchando la palabra, primeramente la entiende. Existen muchos ministros que no cumplen esta condición, por lo tanto no son buena tierra, y los frutos que dan, en consecuencia tampoco son buenos, pero se conforman con la cantidad sin tomar en cuenta la calidad. Y esos frutos no buenos son aceptados en las congregaciones porque tampoco ellas son buena tierra. Los pobres nunca exigen calidad, lo que llegue es bueno para el hambriento.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Reflexiones Reavivados Por Su Palabra


¡Qué privilegio el de Adán y Eva!, pensamos, ¿verdad?, Claro que sí, ver a Dios, tocarlo, estrechar sus manos, abrazarlo, andar con El…hablar con Él, en fin tantas cosas que suenan muchas veces hasta de fantasía, pero no, esta experiencia era una realidad. Desde el momento en que este mundo fue creado, Dios siempre fue el Dios comunicador, el Dios que no se contentaba en ver desde el cielo a sus criaturas, o el “gerente o jefe” que delega una responsabilidad y viene después de un tiempo solo a pedir informes que estén relacionados a “productividad”. Por ello me animo a preguntarte, ¿Quién es Dios para ti?. ¡Si!, esta pregunta es para Ud. que es un joven con expectativas en la iglesia o para Ud. que es un Padre de familia interesado en el bienestar de su familia o para Ud. que es un líder de iglesia que debe distribuir tu tiempo entre el trabajo, su familia y la iglesia.
Pero, empecemos por una premisa, si queremos saber de Dios no hay otra fuente que Su Palabra, la Santa Biblia. En Génesis 1:3 presenta una expresión extraordinaria: “Y dijo Dios…” esta expresión la encontramos ubicada después de la descripción de la realidad de la tierra: desorden, vacío, caos y otras conclusiones que podemos comentar. Lo cierto de todo es que en medio de esta realidad la Biblia declara: “Y Dios dijo…”, repitiéndose constantemente esta expresión en el primer capítulo de Génesis y por consiguiente en todo el contenido bíblico.
“Y dijo Dios…” cuán importante y de tanta proyección es esta expresión. Este mundo perfecto fue creado por el poder de la Palabra de Dios, tú y yo somos el resultado de la Palabra de Dios. Las primeras palabras que fueron escuchadas por Adán y Eva fueron la voz del Creador y aunque por la intromisión del pecado, esa voz aun tu y yo la podemos escuchar por medio del estudio su Palabra y la seguridad del Espíritu Santo en nuestra vida.
Las cosas en el Jardín del Edén cambiaron, pero el Dios comunicador no cambió. El continuó hablando a sus criaturas de diversas maneras, pero llegado el tiempo este Dios se presentó en toda su dimensión por medio de su hijo, nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo debemos considerar un detalle importante, para que el proceso de la comunicación sea completo Dios se despojó de todo, asumió nuestra naturaleza, dejó la Gloria de su Reino y vino a vivir en medio de nosotros y lo hizo solo para comunicarnos que existe esperanza.

Sin embargo hay una gran verdad que no podemos ponerla de lado. Si bien es cierto que somos “privilegiados” por escuchar la voz de Dios cada día en nuestra vida, también debemos ser conscientes que el privilegio viene acompañado de responsabilidad. La experiencia de Gadara lo resume: “…cuéntales cuan grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y como ha tenido misericordia de ti” (Marcos 5:19 up). En otras palabras: habla, anuncia, no puedes quedar callado, no puedes estar en silencio. Tu y yo somos la “Voz” de Dios para este mundo, es un imperativo divino compartir el amor de Dios con otras personas. Pero para llegar a las personas solo existe un camino y este es el ejemplo de Jesús, y la sierva de Dios nos da la respuesta: “Únicamente el método de Cristo dará verdadero éxito para alcanzar a la gente. El Salvador se mezclaba con los hombres como alguien que deseaba su bien. Les manifestaba simpatía, atendía a sus necesidades, y ganaba su confianza. Luego los invitaba así: Sígueme.’” OE, 376.
No hay otra alternativa, debemos ir donde las personas están, no podemos esperar que las personas venga en donde nosotros estamos, pero esto involucra despojarnos de nuestros prejuicios, temores y hasta de nuestro nivel de “comodidad” que cada sábado experimentamos. Cuando esto suceda podremos ser testigos de las maravillas que Dios tiene reservado para cada uno de nosotros.
Ahora, miremos juntos como cierra el profeta Juan la visión recibida en Patmos. Apocalipsis 22:17 lo dice “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga, y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. El mensaje es claro. Génesis inicia: “Y Dios dijo…” y ahora el menaje bíblico termina diciendo: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven…”. ¿En que cambiaron las cosas?, en nada, pero si se complementa, es decir, en este llamado final el Espíritu habla junto con la Esposa (iglesia) y tu y yo somos parte de este Plan Divino. Por lo tanto, te dejo con la pregunta: ¿permitirás que otra persona asuma la bendición que te corresponde?, ¿otros iran por nosotros?. Creo que la respuesta es obvia, entonces tu eres un Comunicador de Esperanza.

sábado, 30 de julio de 2011

REFLEXIONES, John Owen











"No hay pensamiento con el que el hombre sea tan embrutecido y entontecido, ni sea tan pernicioso, como este: que una persona sin purificar, sin santificar su vida, pueda luego ser llevada al cielo, a un estado de bendición que consiste en el disfrute de Dios. Ni esa persona puede gozar de Dios, ni para ella Dios seria como una recompensa. Sin duda, la santidad se perfecciona en el cielo, pero su origen se halla invariablemente en este mundo. A nadie conduce Dios al cielo si no ha sido antes santificado en la tierra. La Cabeza viva no admite miembros muertos."