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Si estos pensamientos y estas palabras son oportunas, reflexione sobre ellas y, con la ayuda del Espíritu Santo, actúe con conciencia. Creo de todo corazón que son el mapa de carreteras digno de confianza para llegar a su vida y su familia.
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lunes, 11 de abril de 2011

La Soberanía de Dios en sus propósitos


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 Por el pastor. Chuy Olivares

Dios es soberano. Él gobierna y tiene control de todas las cosas y nada se le escapa. Él es todo sabio, todopoderoso, y ésto lo capacita para gobernar todo el universo.
Dios tiene cuidado aún de las cosas pequeñas. Por ejemplo, en Mateo 10.29 dice “¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre”. Si Dios tiene cuidado de un pajarito, ¿no tendrá cuidado de nosotros? Si Dios sabe que un pajarito necesita comer y le suple, ¡cuánto más a nosotros!.
Es extraordinario cuando nosotros conocemos y entendemos la Soberanía de Dios. En el capítulo 17 de Mateo estaban los discípulos preguntándole a Jesús si debían pagar impuestos. Jesús les responde que los hijos están exentos de pagar impuestos. Jesús ordena a Pedro que vaya al mar y se ponga a pescar. En el primer pez que obtenga habrá una moneda con la cual podrá pagar los impuestos de ellos. Si meditamos en esto, es realmente extraordinario. La pregunta es: ¿cuándo se tragó el pez la moneda? ¿Cómo sabía Jesús que entre millones de peces había uno que se había tragado la moneda? ¿Cómo sabía Jesús que el primer pez que agarraba Pedro iba a ser el que se tragó la moneda? Eso me habla del conocimiento y la omnisciencia de Dios. Todo lo sabe, no ignora nada, cada circunstancia y detalle en la vida, en el universo y sus criaturas es conocido y controlado por Él.
Un hijo de Dios ha de entender la soberanía de Dios.
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (Rom 8:28 )
El Espíritu Santo inspiró al Apóstol Pablo de una manera extraordinaria para mostrarnos en este sólo pasaje la profundidad de la soberanía de Dios. En el caso de sus hijos Él obra siempre a nuestro favor.

Y sabemos…

..todas las cosas ayudan a bien.. Rom 8:28 [Foto de www.LionAndLambMinistry.comEs la voluntad de Dios que todos sus hijos *sepamos*.
¿Sepamos qué? La palabra se tradujo del griego “eído” que tiene algunos otros sinónimos como: conocer, comprender. Entonces si expandimos el versículo con estos significados, empezaría Pablo diciéndonos: “Sabemos, conocemos, comprendemos…”.
Lo opuesto de saber, conocer y comprender es ‘ignorar’, ‘desconocer’ y ‘no entender’. Si tú ignoras, si no conoces por qué Dios hace las cosas, no vas a entender. Al no entender que Dios es soberano para hacer las cosas que Él quiere, de la manera que Él quiere y cuando quiere; entonces vivimos en incertidumbre, en frustración y hasta en depresión.
Es inconcebible que un cristiano se deprima. ¿Por qué una persona se deprime? Por las circunstancias y situaciones que está viviendo y que no entiende ‘porqué’. Si no entiende es porque no sabe.
Dios está en contra de ignoremos cómo es Él - siempre las oraciones de Pablo decían “que te conozcan”. Jesús oraba “que te conozcan.” Pablo oraba que Dios les diera un “espíritu de revelación en el conocimiento de Su voluntad” para que sepamos las cosas, para que las entendamos.

¿Dónde estaba Dios?

A medida que vamos sabiendo, conociendo y comprendiendo, nos vamos dando cuenta que podemos descansar totalmente en la soberanía de Dios. Una historia que siempre bendice es la de José. Era una familia con una docena de hermanos; un día toman al más pequeño y lo venden.
Imagínate que tu mamá llega a la casa y pregunta ¿dónde está el bebé? “Ya lo vendimos mamá.” ¡Vendieron al peque de la familia! Y no sólo eso, sino que esos lo re-vendieron. José pasó una serie de situaciones tremendas: lo meten a un pozo, lo meten a la cárcel, y más. Pero en Génesis se dice varias veces: “Y Dios estaba con José.”
¿Quiere decir que aunque lo venden, lo meten en un pozo y a la cárcel y lo persiguen; aún así Dios estaba con José? Sí. ¡Eso es exactamente lo que quiere decir!
Es como este ejemplo: hay una tragedia y los que no entienden se preguntan: “¿Y Dios, dónde estaba?” Hagamos la siguiente reflexión: Cuando prenden a Jesús y lo comienzan a azotar, ¿dónde estaba Dios? ¡Ahí, estaba con Él! Cuando lo clavan y levantan en la cruz, cuando lo traspasaron, ¿dónde estaba Dios? ¡Ahí estaba! Lo que pasa es que no todos los ven. Dios estaba allí en medio de ese sufrimiento. Ese sufrimiento y esa muerte nos dieron vida eterna. No todos entienden esto.
Una vez, caminando con mi esposa, me sorprendió al agacharse y levantar nada menos que un rollo de billetes. Eran mil pesos -algo así como 100 dólares- y mi esposa exclamó “¡Dios me bendijo!” porque tenía una necesidad. Una mujer que nos acompañaba dijo entonces: “¡Ay sí! Mira qué clase de Dios tienes. ¡A ti te bendijo y al otro lo maldijo!” Ese razonamiento parece lógico, ¿no? Pero ellos no entienden por qué Dios obra de la manera en que lo hace. ¿A ti alguna vez se te ha perdido dinero? Seguramente se lo encontró alguien. ¿No podrá ser que Dios en su infinito amor, misericordia y soberanía permitió que se te perdiera el billetito para darle de comer un día a una familia? No sabemos, ni entendemos, ni conocemos.
José tuvo todas las experiencias que hemos mencionado hasta que , finalmente, es puesto como primer ministro en Egipto. Está gobernando cuando su familia sufre los efectos de la hambruna - incluyendo sus hermanos que lo habían vendido-. Su padre los manda a Egipto y José los reconoce cuando llegan. Él se revela delante de ellos y les dice que es José. “¿Cuál José?” dicen ellos y se asustaron. “Sí”, responde José, “El que vendieron”. Notemos que José no tiene amargura contra sus hermanos. Si miramos Génesis 45.7 podemos ver que José sabía, conocía y comprendía la soberanía y sabiduría de Dios.
” Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.”
¡Dice que Dios lo envió! Acordémonos que Dios no es el autor de la maldad, sino que la maldad está en nosotros. ¿Cómo es que Dios en su infinita sabiduría sabe cómo hacer para que nuestra maldad sea usada al final para nuestra bendición? ¡Eso es impresionante! Dios ya sabía que iba a venir una hambruna. Dios había escogido al pueblo de Israel para que naciera el Mesías. Si Dios no hubiera tenido control de las cosas, los judíos hubieran muerto de hambre y nosotros hubiéramos muerto en nuestros delitos y pecados. Vea la sabiduría, el conocimiento y dominio de Dios. Usó una circunstancia negativa en la vida de José, hizo un plan conforme a su propósito y todo para que al final José les vendiera comida y para preservar la vida de sus hermanos.
Luego José añade: “para daros vida por medio de gran tribulación”. ¿Quién fue el que vivió la gran tribulación? ¡José! La tribulación fue de José.
El problema es que nosotros, cuando no sabemos, nos cuesta entender. En el versículo 8 dice: “Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios”. Cuando tú tienes un conocimiento de la soberanía de Dios y sabes que en todo lo que sucede Dios tiene el control, entonces descansas y eso protege tu corazón. Eso te hace dormir confiado, descansar en Dios.

…que a los que aman a Dios…

amar-a-dios.jpgSi preguntamos por allí cuántos aman a Dios, todos decimos que le amamos. Pero ¿cómo fue que nosotros llegamos a amar a Dios?
Dice Juan que él nos amó a nosotros primero. Pablo les dice a los romanos que “él mostró su amor para con nosotros”.
“De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo”. Esa es la dádiva de Dios: su amor fue demostrado enviando a su hijo para morir en la cruz por nosotros. Cuando creemos en ese amor demostrado de Dios, creemos en su sacrificio y en que nuestros pecados son limpiados, nuestra vida es transformada. Sucede algo en nuestro corazón cuando nacemos de nuevo.
¿Qué es lo que se produce inmediatamente en el corazón del nuevo convertido? ¡Amor hacia Dios! Comienza una relación de amor con Dios, pero no por otra razón sino porque Él nos amó primero. Entonces, como iglesia, tenemos una relación de amor hacia Dios: Él nos ama y en respuesta a ese amor, nosotros también lo amamos.
Cuando yo comprendí que mis pecados habían sido perdonados en la cruz, lo creí por fe y mi vida fue transformada. Hay quienes se acercan a Cristo pensando en que Él les dará un buen negocio. ¡Esa es una *falsa* presentación del evangelio! Por eso muchos van detrás de Jesús, por lo que les da, no por quien es Él. Están por conveniencia. Es como la mujer que le pone el ojo a un hombre que es adinerado y dice “Me conviene casarme con este hombre.” Entonces realmente no fue por amor que esa mujer llegó al altar, sino por interés.
Ya tenemos una relación de amor con Dios, pero a veces parece como que esa relación de amor no es de amor, porque si no “sabemos y entendemos” comenzamos a decirle a Dios ante los aconteciientos: “¿Y por qué?”.
Un ejemplo de esto. ¿Tú le das a tus hijos todo lo que te piden? Efectivamente NO les das todo lo que quieren. Ellos no saben pedir muchas veces, y tú por amor les recomiendas a tus hijos qué hacer y qué no hacer. Ya sabes cómo es el mundo y puedes ver con mayor amplitud porque tienes más experiencia y conoces más los asuntos de la vida.
En ocasiones parece que le decimos a Dios “¡Ay! No me ames tanto Señor. ¿Por qué permites estas cosas?” Recordemos que una de las manifestaciones del amor de Dios es la disciplina, el tratar con nosotros. El otro día escuché a un esposo diciéndole a su esposa: “No, así soy yo y te aguantas. Así me hizo Dios.” Yo digo que no es cierto, que nosotros escogemos ser cómo somos. Si eres hijo de Dios, Él te ama tanto que no te va a dejar como estás. Para lograr su propósito de transformarte a la imagen de Jesús, Él sabe cómo tratar contigo y conmigo; aunque en ocasiones va a doler.
Esa relación de amor a veces no lo parece. Jesús tiene una conversación interesante con Pedro:
“Pedro, ven para acá” - le dice Jesús. “Satanás me ha pedido permiso para zarandearte como trigo.” (En aquellos tiempos zarandeaban el trigo, golpeándolo contra el suelo para sacarle el fruto.)
“¿Qué?” le dice Pedro.
“Sí Pedro. Hay muchas cosas que no me gustan de ti. Eres autosuficiente y muy confiado y yo te voy a enseñar a ser humilde y a que confíes en mí. En tu autoconfianza vas fracaso tras fracaso. Pero si tú aprendes a confiar en mí y a ser como yo, te haré un hombre tremendo.”
“¡No!” le responde Pedro.
Jesús le dice: “Tranquilo, ya le di permiso a Satanás; pero no te preocupes, yo he rogado para que tu fe no falte.”
“¡Hasta la muerte me voy contigo!” le dijo Pedro.
“Eso es lo que no me gusta de ti” le responde Jesús.
“¡No! Piensa lo que pienses Señor. Yo estoy dispuesto a dar mi vida hasta la muerte.” - le dice Pedro
“Mira, me vas a negar tres veces y luego va a cantar el gallo.”
“¿Yo, negarte?, ¡Jamás!” - le dice Pedro
En eso llegan a prender a Jesús y Pedro saca la espada y le corta la oreja a uno de ellos.
“Guarda la espada Pedro. No me gusta eso de ti. Por eso le di permiso a Satanás a tratar contigo” le responde Jesús.
En eso prenden a Jesús y se lo llevan y mientras interrogan a Jesús, cerca de una fogata una mujer se aproxima a Pedro y le dice “Oye, ¡Tú eres de ellos!”
“¿Yo?” le responde Pedro
“Sí, tú andas con ese Jesús”.
“¿Yo? ¡Ni lo conozco!”
“Sí, tú eres uno de ellos.” Le dice la mujer
Luego llega otro y le dice a Pedro: “Tú eres de ellos. ¡Tu misma manera de hablar te delata! Hablas como los Cristianos.”
Pedro, para que vean que no era de ‘ellos’ comenzó a maldecir. En eso oyó que cantó el gallo. Dice la Biblia que cuando escuchó que el gallo cantó se acordó de lo que Jesús le había dicho y saliendo de allí lloró amargamente.