Los acontecimientos de los últimos meses están golpeando nuestro corazón. Haití, Chile, y ahora Japón han vivido los terremotos de escala más alta en toda su historia...
Los que lo han "sobrevivido" son ahora víctimas de la tristeza y el desánimo (¡como mínimo!), y los que fuimos espectadores no podemos quitarnos las imágenes de nuestra mente.
El último caso, el de Japón , es aún más sangrante por la contaminación derivada de las fugas nucleares y las repercusiones futuras en la salud del país. Tanto es así, que el Comisario europeo de la energía pronunció unas palabras que han dado la vuelta al mundo: "Estamos ante una situación muy difícil, para definirla, tendríamos que hablar de apocalipsis".
Bastó pronunciar esa palabra para que nadie quedase indiferente. A algunos les pareció demasiado radical. A otros les ha recordado viejos "fantasmas", situaciones en las que aparentemente no había salida. A muchos más les ha hecho pensar en un acontecimiento que se acerca... cada día más.
Es lógico. Hace sólo dos semanas teníamos la oportunidad de leer en el diario "El País" una entrevista con el ex primer ministro británico Gordon Brown a propósito de los problemas ocasionados por la última gran crisis financiera en todo el mundo. Las palabras del político fueron contundentes: " Necesitamos una entidad financiera mundial que ocupe el lugar de las nacionales"
Por otra parte, las revoluciones de los últimos meses en algunos países árabes han hecho temblar no sólo al norte de África sino también a muchos políticos mundiales, y ¡Por supuesto! a la economía y el consumo de ciertos tipos de energía. Muchos han comenzado a hablar ya de la posibilidad de mayor unidad entre las naciones árabes y una política común frente a todos los problemas económicos y sociológicos.
Puede que las circunstancias de lo que estamos observando parezcan muy diferentes, pero personalmente, creo que apuntan al mismo futuro: la unidad económica, el poder de las naciones productoras de petróleo o la llegada de catástrofes naturales en una escala superior a lo normal, señalan precisamente al "Apocalipsis"
Aunque a muchos les cueste creerlo, o estén pensando "¡Ya estamos con lo mismo de siempre!"
Si somos sabios observando las circunstancias nos daremos cuenta de que ya no se trata de "lo mismo de siempre". Estamos hablando de situaciones objetivas que nunca antes se habían dado. Se trata de contemplar como los pasos se agigantan para que llegue el evento más importante en la historia de la humanidad. Ahora no podemos reflexionar acerca de circunstancias o condiciones difíciles de cumplir... Las profecías son claras y los eventos que estamos contemplando son absolutamente "testarudos" en hacernos recordar que el día se acerca.
Está ahí, a la vuelta de la esquina. No sabemos el día ni la hora, pero sí sabemos que el tiempo va demasiado rápido. Contemplamos (algunos lo hacen con estupor) cómo "movimientos" políticos, económicos y sociológicos que parecían improbables, suceden en muy pocos días.
Sé que a lo largo de la historia en varias ocasiones se anunció que la segunda venida del Señor Jesús (y por lo tanto el "apocalipsis final") estaba a punto de llegar. Si me permitís una pequeña reflexión, os diría que aunque las personas que lo anunciaron en esos momentos se "equivocasen", al menos consiguieron que muchos dejasen de mirar tanto a lo terrenal y se preocupasen más por la vida que merece la pena; así que esos "anuncios" no fueron del todo malos.
Ahora la situación es diferente. No tanto porque ya conozcamos el momento en el que el Señor va a volver, sino porque está mucho más cercano de lo que pensamos. Nadie puede decir cuándo. Nadie puede señalar ni siquiera el año probable. Pero tampoco podemos ser tan ignorantes como para cerrar los ojos a la realidad de que los últimos eventos están "empeñados" en cumplir paso a paso las señales que Dios dejó escritas por medio de los profetas.
El último caso, el de Japón , es aún más sangrante por la contaminación derivada de las fugas nucleares y las repercusiones futuras en la salud del país. Tanto es así, que el Comisario europeo de la energía pronunció unas palabras que han dado la vuelta al mundo: "Estamos ante una situación muy difícil, para definirla, tendríamos que hablar de apocalipsis".
Bastó pronunciar esa palabra para que nadie quedase indiferente. A algunos les pareció demasiado radical. A otros les ha recordado viejos "fantasmas", situaciones en las que aparentemente no había salida. A muchos más les ha hecho pensar en un acontecimiento que se acerca... cada día más.
Es lógico. Hace sólo dos semanas teníamos la oportunidad de leer en el diario "El País" una entrevista con el ex primer ministro británico Gordon Brown a propósito de los problemas ocasionados por la última gran crisis financiera en todo el mundo. Las palabras del político fueron contundentes: " Necesitamos una entidad financiera mundial que ocupe el lugar de las nacionales"
Por otra parte, las revoluciones de los últimos meses en algunos países árabes han hecho temblar no sólo al norte de África sino también a muchos políticos mundiales, y ¡Por supuesto! a la economía y el consumo de ciertos tipos de energía. Muchos han comenzado a hablar ya de la posibilidad de mayor unidad entre las naciones árabes y una política común frente a todos los problemas económicos y sociológicos.
Puede que las circunstancias de lo que estamos observando parezcan muy diferentes, pero personalmente, creo que apuntan al mismo futuro: la unidad económica, el poder de las naciones productoras de petróleo o la llegada de catástrofes naturales en una escala superior a lo normal, señalan precisamente al "Apocalipsis"
Aunque a muchos les cueste creerlo, o estén pensando "¡Ya estamos con lo mismo de siempre!"
Si somos sabios observando las circunstancias nos daremos cuenta de que ya no se trata de "lo mismo de siempre". Estamos hablando de situaciones objetivas que nunca antes se habían dado. Se trata de contemplar como los pasos se agigantan para que llegue el evento más importante en la historia de la humanidad. Ahora no podemos reflexionar acerca de circunstancias o condiciones difíciles de cumplir... Las profecías son claras y los eventos que estamos contemplando son absolutamente "testarudos" en hacernos recordar que el día se acerca.
Está ahí, a la vuelta de la esquina. No sabemos el día ni la hora, pero sí sabemos que el tiempo va demasiado rápido. Contemplamos (algunos lo hacen con estupor) cómo "movimientos" políticos, económicos y sociológicos que parecían improbables, suceden en muy pocos días.
Sé que a lo largo de la historia en varias ocasiones se anunció que la segunda venida del Señor Jesús (y por lo tanto el "apocalipsis final") estaba a punto de llegar. Si me permitís una pequeña reflexión, os diría que aunque las personas que lo anunciaron en esos momentos se "equivocasen", al menos consiguieron que muchos dejasen de mirar tanto a lo terrenal y se preocupasen más por la vida que merece la pena; así que esos "anuncios" no fueron del todo malos.
Ahora la situación es diferente. No tanto porque ya conozcamos el momento en el que el Señor va a volver, sino porque está mucho más cercano de lo que pensamos. Nadie puede decir cuándo. Nadie puede señalar ni siquiera el año probable. Pero tampoco podemos ser tan ignorantes como para cerrar los ojos a la realidad de que los últimos eventos están "empeñados" en cumplir paso a paso las señales que Dios dejó escritas por medio de los profetas.