Por Joseph Tkach-Comunión de la Gracia
Terremotos desvastadores. Tsunamis y erupciones volcánicas. Caos político en el Medio Oriente y el norte de Africa. Una crisis económica mundial. Con todos estos sucesos, no es de extrañar que muchos cristianos se pregunten a sí mismos si estamos entrando o no a lo que Jesús llamó “el fin de este siglo.”
Nuestra iglesia ha tenido un historial de preocupación por la predicción y observación de los tiempos del fin, hasta que hace unos 20 años dejamos de tener este enfoque. Por otra parte, sería comprensible el hecho de que alguno de nosotros, quienes hemos estado por tanto tiempo, pudiera tener una recaída a la antigua manera de pensar, temiendo que finalmente la “gran tribulación” nos haya alcanzado. Por este motivo, consideremos calmadamente la situación a la luz de lo que la Biblia nos tiene que decir realmente sobre este tema.
Para ello, cabe mencionar de que hay tres factores clave que debemos de tener en mente.
Primero, tanto Jesús como Pablo expresaron que ninguno, incluyendo a la iglesia, sabría cuándo regresaría Cristo (Mateo 24:36). En su lugar, se nos ha dicho que estemos siempre preparados, por la misma razón de que no sabríamos el tiempo del regreso de Cristo (v. 44).
Segundo, los eventos que Jesús describió a los discípulos en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21 no eran acerca de nuestros tiempos, sino acerca del tiempo de ellos— “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca,” dijo él (Mateo 24:34). Y aquellos eventos, preservados en un escrito apocalíptico altamente simbólico, tomaron lugar en su generación cuando los romanos saquearon Jerusalén y arrasaron con el templo.
Tercero, debemos de recordar que la Biblia, incluyendo el libro de Apocalipsis, no está allí para que la usemos o la interpretemos a nuestro antojo. En Segunda de Timoteo 3:15 se nos dice que las Escrituras “te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” También, el versículo 16 dice que “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia.”
De acuerdo a sus propios testigos, la Biblia está para lo que fue diseñada. Y así es como deberíamos de usarla. Su propósito es enseñarnos acerca de Jesucristo—quién es su Padre, quién es él, y quiénes somos nosotros en él—y las implicaciones de ello. Es útil para la enseñanza, la reprensión, corrección e instrucción en justicia, no es para la predicción del fin de esta era o para condenar a las personas que todavía no conocen a Cristo.