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Si estos pensamientos y estas palabras son oportunas, reflexione sobre ellas y, con la ayuda del Espíritu Santo, actúe con conciencia. Creo de todo corazón que son el mapa de carreteras digno de confianza para llegar a su vida y su familia.

lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Quién es el mas notorio falso maestro de la historia de la iglesia?

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por Nathan Busenitz

Puede que no sea posible responder a esta pregunta de manera definitiva. Pero si tuviéramos que crear un top-ten de los “más buscados”, el nombre de Arrio, sin duda, estaría en la parte superior.
En los tiempos antiguos, las enseñanzas de Arrio, presentaron la principal amenaza para la ortodoxia cristiana – por lo que los historiadores como Alexander Mackay lo han etiquetado “el mayor hereje de la antigüedad.” Nada menos que Martin Lutero dijo lo siguiente sobre Arrio:
El hereje Arrio [negó] que Cristo es verdadero Dios. Él hizo mucho daño con su falsa doctrina a través de la Cristiandad, y tomó 400 años después de su muerte combatir su influencia perjudicial, sí, ni siquiera es aún totalmente erradicada. En la muerte de este hombre, el Señor Dios ha exaltado su honor en una manera maravillosa.
En el caso de que su nombre no le suene familiar, Arrio fue un famoso falso maestro del siglo IV que enseñaba que el Hijo de Dios era un ser creado. En consecuencia, Arrio negó la igualdad de Cristo con Dios el Padre, y junto con ello, la doctrina de la Trinidad. En esencia, fue el original testigo de de Jehová. Sus opiniones fueron muy populares durante su vida y durante muchos años después, a pesar de que fueron denunciadas en el Concilio de Nicea en el 325 (y otra vez en el Concilio de Constantinopla en el 381).
Atanasio, obispo de Alejandría, estaba fuertemente opuesto a las enseñanzas anti-trinitarias de Arrio. Esa posición valiente resultó costosa para Atanasio – fue exiliado de Alejandría cinco veces porque se negó a hacer concesiones. Sin embargo, durante sus cuarenta y cinco años de ministerio, Atanasio mantuvo la línea de la ortodoxia sin titubear. Como resultado, en la providencia de Dios, la verdad acerca de la Trinidad fue aprobada con fidelidad a las generaciones posteriores.
Arrio murió en el 336, tan sólo once años después del Concilio de Nicea. Significativamente, el relato de su muerte viene de nada menos que Atanasio. En una carta que Atanasio escribió muchos años después del hecho, el obispo de Alejandría, no sólo explica cómo Arrio murió, sino que también extrapola por qué murió. Creo que estará de acuerdo que es una historia bastante dramática.
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Atanasio sobre la muerte de Arrio (en una carta al compañero pastor)
Usted me ha pedido que le diga acerca de la muerte de Arrio.
Debatí conmigo mismo por mucho tiempo acerca de si debía o no darle una respuesta, temo que alguien podría pensar que estaba tomando el placer en su muerte. Pero, puesto que ha habido un debate entre sus colegas sobre la herejía arriana – en la que se planteó la cuestión de si Arrio fue o no restaurado a la iglesia antes de morir – Creo que es necesario dar el relato de su muerte. De esta manera su pregunta será puesta a descansar, y, al mismo tiempo, silenciará a los que son contenciosos. Mi conjetura es que, cuando las increíbles circunstancias que rodearon su muerte se dieron a conocer, incluso aquellos que plantearon estas preguntas ya no cabe duda de que la herejía arriana, es odiosa a los ojos de Dios.
Yo no estaba en Constantinopla cuando murió, pero el presbítero Macario estaba allí, y me enteré de lo que ocurrió por él.
clip_image002. Arrio, a causa de sus amigos políticamente poderosos, había sido invitado a comparecer ante el emperador Constantino. Cuando llegó, el emperador le preguntó si él sostenía o no las creencias ortodoxas de la Iglesia universal. Arrio declaró bajo juramento que si, y dio cuenta de sus creencias por escrito. Pero, en realidad, estaba torciendo las Escrituras y no fue honesto acerca de los puntos de la doctrina por la que había sido excomulgado.
Sin embargo, cuando Arrio juró que no sostenía los puntos de vista heréticos por la que había sido excomulgado, Constantino le despidió, diciendo: “Si tu fe es ortodoxa, ha hecho bien en jurar, pero si tus creencias son heréticas, y has jurado falsamente, que Dios juzgue de acuerdo a tu juramento.”
Cuando Arrio dejó el emperador, sus amigos querían de inmediato restaurarlo a la iglesia. Sin embargo, el obispo de Constantinopla (un hombre llamado Alexander), se resistió, y explicó que el inventor de tales herejías no se le debía permitir participar en la comunión. Pero los amigos de Arrio amenazaron al obispo, diciendo: “De la misma manera que lo llevaron ante el emperador, en contra de sus deseos, así mañana – aunque sea en contra de sus deseos -. Arrio tendrá comunión con nosotros en esta iglesia”, ellos dijeron esto en un sábado.
Cuando Alejandro escuchó esto, se angustió mucho. Entró en la iglesia y extendió las manos delante de Dios, y lloró. Cayendo sobre su rostro, oró: “Si Arrio se le permite tomar la comunión mañana, déjame que tu siervo se aparte, y no destruya lo que es santo, con lo que no es santo. Pero si Tu vas a preservar a Tu iglesia (y yo sé que Tu vas a preservarla), toma nota de las palabras de los amigos de Arrio, y no dé su herencia para destrucción y reproche. Por favor, elimina a Arrio de este mundo, para que no entre en la iglesia y lleve su herejía con él, y el error sea tratado como si fuera verdad.” Después de que el obispo terminó de orar, se retiró a su habitación muy preocupado.
A continuación, algo increíble y extraordinario sucedió Mientras que los amigos de Arrio hicieron amenazas, el obispo oró. Pero Arrio, quien hacía afirmaciones salvajes, inesperadamente se puso muy enfermo. Urgido por las necesidades de la naturaleza se retiró, y de repente, en el lenguaje de la Escritura, “cayendo de cabeza, se reventó por el medio”, e inmediatamente murió donde lo pusieron. En un instante, se le privó no sólo de la comunión, sino de su propia vida.
Ese fue el final de Arrio.
Sus amigos, abrumados por la vergüenza, salieron y lo enterraron. Mientras tanto, el obispo bendijo Alexander, en medio del regocijo de la iglesia, celebró la comunión el domingo con la santidad y la ortodoxia, la oración con todos los hermanos. Ellos en gran medida glorificaron a Dios, no porque estuvieran tomando alegría en la muerte de un hombre (¡Dios no lo quiera!), porque “está establecido para los hombres que mueran una vez”, sino porque este asunto se había resuelto de una manera que trasciende los juicios humanos.
Porque el Señor mismo había decidido entre las amenazas de los amigos de Arrio y las oraciones de la Alexander obispo. El condenó la herejía arriana, demostrando ser digno de la comunión con la Iglesia. Dios dejó claro a todo el mundo, que aunque el arrianismo podría recibir el apoyo del emperador e incluso a toda la humanidad, sin embargo, debía ser condenada por la Iglesia.

Fuente: EvangelioSegúnJesucristo

domingo, 4 de diciembre de 2011

¿Trabajas o alabas?


¿Trabajas o alabas?

 Guille Eddy 

Por muchos años la pregunta típica que se le hacía a una persona era ¿estudias o trabajas? Si la respuesta era estudio, la siguiente pregunta era ¿qué? y así se llegaba a conocer un poco más a la persona.

Si la respuesta era trabajo, la siguiente pregunta era ¿en qué? o ¿dónde? y al contestar también se llegaba a conocer un poco mejor a la persona.

En otras palabras,  lo que hacemos forma parte de nuestra identidad y nos ayuda en el fortalecimiento de nuestra autoestima.

 FORTALECER LA AUTOESTIMA
 Hay quienes dicen que para el creyente la única seña de identidad, el único elemento fortalecedor de nuestra autoestima es nuestra relación con Jesús . En parte estoy de acuerdo con esta postura pues el principio es que debo encontrar en Jesús mi razón de ser.

 Pero yo veo otra cosa cuando leo el plan original de Dios para el hombre en el jardín del Edén. Veo que hay dos elementos poderosos,  dos bendiciones, dadas por Dios al hombre, para nutrir y fortalecer su identidad y su autoestima. En primer lugar lo arriba mencionado: sus relaciones  (ver Gen 1.26-27). La relación directa del hombre con Dios, los paseos matinales, la imagen y semejanza con Dios, ubicaba al hombre como ser especial, la culminación de la obra creadora, el “ojito derecho” del Padre.

 A la vez hay otro elemento, otra acción de Dios para con el hombre que repercute en un fortalecimiento de su identidad y autoestima: el trabajo a ejercer  (ver Gen. 2.15). Por muchos años no caí en leer la palabra “labrará”. Esto implica usar de la fuerza para alcanzar un fin. La otra palabra que se usa en esa frase es “cuidar”. Eso se puede hacer con una mirada, pegando una voz, tirando una piedra para ahuyentar, pero labrar quiere decir… pues eso, usar de mi fuerza física trabajando.

Quizás por esto es que nos resulta tan difícil quedarnos sin trabajo como hombres, pues va en contra de ese plan original que Dios nos dio, va en contra de una de las bendiciones del jardín del Edén, mina uno de los elementos importantes en el fortalecimiento de nuestra identidad y nuestro autoestima.

 Tal vez esta sea la razón, el trabajo como plan original de Dios, por la que el trabajo es tergiversado por el enemigo para convertirse en el medio para “ganar la vida” o para “mostrar lo que valgo” en vez de mi forma de alabar a Dios.

 ALABAR A DIOS CON EL TRABAJO
 Paremos a pensar un momento… ¿cuál es el fin del hombre en la tierra? Sin querer simplificar el asunto yo creo que el fin del hombre en la tierra es el de glorificar a Dios (ver 1Cor 10.31 y Apoc 4.11).

 ¿Cómo glorificaba Adán a Dios? No hay evidencia de cantos o cultos en el relato de Génesis 1 a 3. La única acción que ejerce el hombre es la de “labrar, cuidar y pasear”.  ¿Será que el trabajo y los tiempos en intimidad con Dios fueron las formas que tenía el hombre a su alcance para alabar a su creador?

Si esto es cierto mi trabajo se convierte en la forma más cercana y reiterativa que tengo como hombre para glorificar y alabar a Dios. El trabajo deja de ser el medio por lo cual “me gano la vida” y se convierte en el medio por lo cual “alabo al dador de mi vida, mi sustento y mi ser”.

 Mi enfoque no es lo que tengo que hacer sino que lo hago para que El sea glorificado.

Esta lección la aprendí de mi abuelo materno. El era barbero y yo me ganaba un dinerillo barriendo su barbería (en esos tiempos la barbería era para los hombres y la peluquería para las mujeres). Debajo de cada una de las tres sillas donde le cortaban el pelo a los caballeros había una especia de moqueta de goma.

Un día mi abuelo salió por unos minutos para hacer un recado y yo me puse a barrer. En vez de barrer todo el pelo acumulado a la trastienda para recogerla y tirarla, decidí levantar la moqueta de goma y barrer el pelo debajo para terminar antes, total, mi abuelo no se daría cuenta…

Claro está que mi abuelo pilló mi peripecia pero no me echó la bronca, sólo me hizo una pregunta “¿para quién estabas barriendo?”

“Si lo hacías para mi, claro está que habrá días que lo hagas mejor o peor dependiendo de tu ánimo, lo bien o mal que te he tratado, las ganas que tienes de barrer o de leer las revistas”. Pero si lo haces para Jesús, da igual que yo esté en la barbería o no, es tu forma de mostrarle a El lo que vale para ti”.

 MOSTRARLE LO QUE LE AMO
Con los años he llegado a entender que mi trabajo no es para mostrarle lo que valgo sino para mostrarle lo que le amo…. “Esto va por ti Señor… Aunque aquí no me ve nadie y podría prescindir de esa pieza nueva para colocarle una “medio gastada”, no lo hago porque va por ti.”

¿Trabajas o Alabas?

¿Te ganas la vida o alabas al dador de tu vida, tu sustento y su ser?

¿Estas cortantemente intentando mostrar lo que vales o has cambiado el chip para entender que el trabajo que ejerces es una de las formas que tienes para glorificar a Dios?

¿Trabajas o Alabas?

EL AUTOR:
 Guille Eddy  es miembro de la Junta de la  Conferencia Nacional de Hombres .

Está casado y tiene tres hijas. Lidera Operación Bernabé, el KAMPA CTC y preside la ONG Mosaico de Esperanza.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La Sintonía de Mi Universo Gira en Torno a Dios
















Un escritor llamado Papini decía: “yo sé que la vida de verdad es la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo”. Yo quisiera ser optimista y decir que siempre todo nos saldrá bien. Que los días serán siempre soleados y que no habrá que pasar por dolorosas pruebas y momentos de crisis en que sentiremos tocar el fondo de la desesperación. Pero la realidad nos dice que sí, que debemos de pasar por toda clase de momentos. A veces los instantes de gloria que nos llegan son breves, pero suficientemente intensos y hermosos como para fortalecernos y poder continuar adelante.
La sintonía de mi universo se encuentra girando en torno a Dios. Él es quien continua e incansablemente me sostiene para que no caiga o mis pies no resbalen. Hoy día existen tantas filosofías y diferentes modos de pensar, pero la fuente de mis éxitos provienen de Dios. Pues aún cuando los demás puedan dudar de mí, él sigue apostando todo por mí, porque lo haré bien y que lograré salir adelante.
Puede que ahora mismo sientas que sobre tu vida hay una gran nube que ennegrece todo y que por más que intentas no logras ver el sol. Inclusive hayas intentado muchas cosas para superarte y lograr salir del laberinto en que piensas que te encuentras. Pero tal vez te ha faltado probar a Dios en tu vida. Quizás no le has dado la oportunidad de que intervenga lo suficiente como para que puedas tener una vida totalmente nueva y diferente. Es posible que le hayas entregado un pedacito pequeño de tu vida, pero recuerda que es necesario que le entregues todo para que así el cambio pueda ser grandioso.
Hay veces en que siento temor o dolor de que él se introduzca en una parte de mi vida, pero cierro mis ojos y confío en que él esta haciendo lo mejor para mí y que al final de cuenta el cambio traerá cosas positivas. Y cuando veo luego esos cambios, me convenzo más y más de que estar en las manos de Dios es la mejor decisión que he podido tomar.

Por eso yo te digo que si quieres aferrarte a alguien que sea a él que nunca te falla y te ama en verdad.


Autora: Brendaliz Avilés

Newton y la gracia de Cristo


 U2, Newton y la gracia de Cristo













La banda de rock U2 sacó al mercado su disco  All That You Can't Leave Behind . Este álbum obtuvo siete premios Grammy y fue elegido el número 139 de la lista de "Los 500 mejores álbumes de la historia",[1] publicada por la revista  Rolling Stone . Una de las canciones que contiene se llama "Grace" y sus últimos versos son realmente sugestivos:

 Lo que una vez fue dolor
Lo que una vez fue fricción
Lo que dejó marca
Ya no pincha
Porque Gracia produce belleza
De las cosas feas

Sin duda, Bono, el vocalista de U2, no fue el primero en cantar la gracia. Probablemente, la canción más conocida sobre este tema es la que compuso el inglés John Newton en el siglo XVIII. Después de haber dedicado muchos años de su vida a la trata de esclavos, Newton renunció a su profesión tras lo que afirmaba fue una experiencia profunda con Dios. La reflexión sobre su trayectoria lo llevó a componer "Amazing Grace" ("Sublime gracia").

No tenemos constancia de que Jesús de Nazaret escribiera una canción sobre la gracia. Sin embargo, una de las historias que contó es la ilustración más impresionante de lo que significa la gracia:

"Un hombre tenía dos hijos —continuó Jesús—. El menor de ellos le dijo a su padre: 'Papá, dame lo que me toca de la herencia'. Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia. Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad. Así que fue y consiguió empleo con un ciudadano de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tanta hambre tenía que hubiera querido llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada. Por fin recapacitó y se dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Tengo que volver a mi padre y decirle: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros'. Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: 'Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo'. Pero el padre ordenó a sus siervos: '¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado'. Así que empezaron a hacer fiesta".[2]

Jesús describe claramente lo que representan los personajes de la historia. El padre encarna a Dios y los hijos, a la humanidad. Las enseñanzas de Jesús, e indudablemente su vida también, demuestran que Dios ha corrido al encuentro de la humanidad, en el sentido literal de la expresión, que está dispuesto a perdonarnos a todos y que tiene un profundo deseo de que recuperemos los lazos con Él. Dicho de otro modo, la gracia es el pilar de la existencia. No resulta sorprendente que John Newton y U2, al igual que otras muchas personas, hayan decidido cantar sobre ella.

Fuente: ProtestanteDigital

martes, 29 de noviembre de 2011

Dios reina en el cambio

Dios reina en el cambio
 
Nuestro Dios nos llama a un cambio, pero no al que nosotros creemos o queremos.

   CAMBIO. Probablemente, una de las palabras y, más aún, de los conceptos más temidos para el ser humano, por una parte, más anhelados por otra; más estudiados, sin duda, y más ansiógenos también . Porque a las personas nos tiemblan las piernas cuando lo vemos asomar, más aún cuando la velocidad a la que se presenta nos deja sin aliento. Sin respiración, sin tiempo, sin margen… los cambios, simplemente, se dan. Te arrollan, incluso, y no siempre vienen como una brisa cálida o sosegada, sino más bien como un huracán que no da cuartel.

Pero, en cualquier caso, forman parte de la vida. Las personas somos seres “plásticos”, como decimos los técnicos. Seres que se amoldan a las circunstancias, a los avatares, a las idas y las venidas de la marea de su vida y que, con mayor o menor acierto, se intentan reponer y sobreponer a los tan temidos eventos que a veces, sin previo aviso y sin preguntar, aparecen y nos ponen contra la pared.

 Algunos afrontan el cambio de forma milagrosa: parecieran tener un sexto sentido por el que, no es que lo intuyan, pero parecen estar siempre preparados para lo peor.  No es que sean derrotistas, alarmistas ni tampoco negativos y, pudiera uno pensar que nada puede con ellos. Es que, lejos de dejarse aplastar por el cambio o la adversidad, deciden afrontar su vida, con lo bueno y con lo malo, desde la convicción de que lo que les sucede, aun siendo complicado o desgarrador, les traerá una nueva dosis de fortaleza y aliento. Si la fe les acompaña, saben en lo profundo que, “a los que a Dios aman, todas las cosas ayudan a bien” y ven, por encima de la dificultad, la oportunidad de un paso adelante y no la derrota de uno hacia atrás.

 Pero esa, reconozcámoslo, no es la experiencia de la mayoría de nosotros . La realidad nuestra, la de las personas normales, de a pie, frágiles y temerosas de lo que viene y no vemos, de lo que se avecina y no anticipamos, es que todo lo que se relacione con el cambio nos viene grande. Nos atenaza y nos bloquea en ocasiones, nos inquieta, nos quita la paz y el sueño… pero mucho más allá de esto, nos moldea, nos recuerda que somos piezas de barro en manos de un Dios Todopoderoso que reina sobre el cambio porque es el único que no muta.

 El Señor que nos gobierna tiene una relación especial con el cambio . Nos creó para una relación íntima y estable con Él, eterna, que el hombre, anhelando lo que no tenía, lo que no le correspondía, cambió en un sucedáneo de lo que Dios le había preparado. Toda la desgracia que eso nos ha traído nos ha llevado a la búsqueda de formas de revertir el mal que nos rodea. Hemos creído a lo largo de los siglos que la manera de ser felices, de buscar nuestro bien y de salir adelante a partir de nuestra caída y de nuestra desgracia (que seguimos sin reconocer), era el placer, lo material, lo que este mundo ofrece… mirar para otro lado, en definitiva. Pero un cambio lejos y fuera de la voluntad de Dios sólo nos lleva al vacío, a la soledad y a la ruina más absoluta. Queremos cambiar lo que no nos gusta, pero evadimos la realidad de cómo ha de hacerse. Cambiamos equivocadamente nuestro entorno, nuestras circunstancias, pero no cambiamos nuestro corazón. Nuestro interior, el que alberga el mal mismo, todo lo que Dios desprecia y aborrece, sigue siendo igual siglo tras siglo y olvidamos que el mal no está fuera de nosotros, sino bien arraigado en nuestro ser.

 Nuestro Dios, sin embargo, nos llama a un cambio, pero no al que nosotros creemos o queremos . Nos invita a revertir una vida de independencia de Él, en la que buscamos vivir como si Él no existiera, en la que no nos conformamos con lo que tenemos y no valoramos lo que Él nos ha dado, para transformarla en una vida de servicio a los demás, negándonos a nosotros mismos y buscándole a Él en primer lugar. Ningún cambio es un buen cambio si no le tiene a Él en cuenta, si no pasa por considerar lo que Dios tiene preparado para ese presente y también para el futuro por llegar. Nuestro bien, entonces, no está en UN cambio o en EL cambio que nosotros pensamos, sino en SU cambio.

 Por una parte, Dios es el mismo ayer, hoy y por siempre. La paradoja está justo ahí: un Dios que nos llama al cambio, porque Él no cambia . Por eso justamente Él es Rey y Señor en el cambio y nos pide que nos volvamos a Él, que es inmutable. Ese y no otro es el verdadero cambio. Porque cuando nuestras circunstancias cambian, cuando todo parece venirse abajo, cuando nada ni nadie puede responder dándonos la estabilidad que esperamos y necesitamos, Dios está ahí, en todo Su poder, en toda Su Majestad, inamovible en el paso de los tiempos, omnipotente ante la acción de las circunstancias. Él reina porque Él controla, porque Su mano permite o impide y porque ni un solo cabello de nuestra cabeza cae en el suelo sin que Él dé Su consentimiento.

 Por esta misma razón, porque Él no cambia, es que podemos asirnos en los momentos de tormenta y marea a la Roca de los Siglos. Su Palabra permanece, Su amor permanece, Su cuidado permanece, Sus promesas permanecen. Y a la espera de cielos nuevos y tierra nueva, de un cuerpo de gloria nuevo con el que podremos contemplar Su gloria en Su perfecta presencia, esperamos, en nuestros cambios, que Él obre con Su propio cambio.

Que así sea.
Autores: Lidia Martín Torralba
Fuente: ProtestanteDigital

lunes, 28 de noviembre de 2011

AVIVAMIENTO


Para Leer
Por: Juan Paulus

Vivimos una época en la cual la palabra avivamiento está de moda. Basta escribir esta palabra en un buscador, e Internet arrojará un sin número de artículos sobre este tema.
Lo curioso es que las opiniones de lo que es un avivamiento son diversas pero, todos reclaman haber recibido “revelación” del Espíritu Santo para sus argumentos.
Este sólo hecho debiera poner a todo cristiano, que estudia la Biblia y que verdaderamente la cree (fe) y vive de acuerdo a ella, en alerta, pues una de las características del Espíritu del Santo (Dios), es decir Su Mente o Su Palabra, es que nunca se contradice. Su sí es si en todo el mundo, lo mismo que su no. Jamás El Espíritu del Santo va a iluminar a unos de una forma y a otros de otra, respecto de un mismo tema o doctrina.
Cabe preguntarse entonces ¿qué espíritu es tará influyendo en la mente de esos Teo-filósofos que, sobre un mismo tema argumentan diferente pero, reclaman, cada uno se ellos, ser poseedor de la verdad? De igual manera es asombrosa la cantidad de gente que les sigue y les cree.
El problema está en que cada vez hay menos “cristianos” que se preocupan por estudiar, meditar y aplicar lo que la Biblia nos enseña. Este tipo de creyentes son motivados a no hacerlo, pues el líder a quien siguen los convence de que la “revelación de Dios” la tiene él y es a él a quien deben escuchar, creer y seguir. Esto en sí ya es una tragedia, pero hay algo que es peor y que podría nombrarse como cataclismo.
Este otro algo es líderes de congregaciones que por años han pastoreado congregaciones, de buen testimonio, humildes, sumisos y obedientes al Espíritu Santo (Palabra de Dios), que por descuido, quizás ambiciones, se han dejado seducir por nuevas doctrinas. Es común escuchar de ellos, en algún tiempo verdaderos sier vos de Dios, argumentos como éste: “después de escuchar a tal o cual (por lo general se refieren a un apóstol moderno o pos-moderno), me he dado cuenta de lo equivocado que estaba en mi interpretación de la Biblia”.
Por qué digo que esto puede transformarse en un cataclismo, porque el cambiar la fe en La Palabra de Dios (Verbo – Jesús – Espíritu Santo), por fe en lo que dice un hombre, puede transformarse en un blasfemar en contra del Espíritu del Santo.
La estrategia del diablo, desde Adán hasta hoy en día, ha sido apartar al ser humano de la Palabra de Dios (Verbo). Esto es muy lógico pues ella es la que nos da vida y vida en abundancia.
Juan10:10 “ El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
Generalmente se define al avivamiento como una experiencia religiosa, mística o carismática como pos-modernamente se le llama. Se anhela o d esea un avivamiento para recién transformarnos en “buenos y obedientes” hijo de Dios. Otros, más osados, predican que el avivamiento no es para la iglesia, sino que se manifiesta en los no creyentes (sociedad), después de que la iglesia haya experimentado una “renovación espiritual”?!
Sin embargo, la Biblia nos enseña que no hay vida, regeneración, restauración o transformación si no es a través de La Palabra.
El Señor dice a la iglesia de Sardis y a todos nosotros:
“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído (Mi Palabra); y guárdalo (ponla en práctica), y arrepiéntete.” (Apocalipsis 3:1-3)
El apóstol Pablo escribe a los Efesios y a todos nosotros:
“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bie n reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Pero todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz (Palabra de Dios), son hechas manifiestas; porque la luz (Palabra de Dios) es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice:
Despiértate, tú que duermes,
Y levántate de los muertos,
Y te alumbrará Cristo (Verbo).” (Efesios 5:11-14)
Otra vez Jesús les habló, diciendo: “ Yo (Verbo – Palabra de Dios) soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Juan 8:12 (cursivas de Juan Paulus)
¿Cuál es entonces la base para ser transformados en buenos y verdaderos siervos/embajadores de Dios, en luz y sal al mundo (avivamiento)?… ¡VOLVERNOS A LA PALABRA DE DIOS!
¿Cómo va a creer el mundo que Jesucristo fue enviado por Dios si no amamos (somos obedientes) a Dios, si nos dejamos guiar por cualquier espírit u (mente) humano y no por el Espíritu del Santo?
Oración intercesora de Jesús por SU IGLESIA; por quien dio Su vida:
…”No ruego sólo por éstos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.” Juan 17:20-23.
¿Te puedes imaginar un avivamiento mejor que éste?


Fuente: P. Areu Theologies web

domingo, 27 de noviembre de 2011

¿Odia Dios A Cualquiera?


arrepentido

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Por Matt Slick
Los universalistas dicen repetidas veces cosas como, "Dios nos ama tanto a todos nosotros que nos salvará a todos"; o "Él odia el pecado, pero ama al pecador"; o "Dios es amor, y no enviará a nadie al infierno".
Los universalistas enseñan que Dios está tan lleno de amor, que Él simplemente no puede enviar a alguien al fuego eterno del infierno. Está contra Su amor infinito. Desean que Dios perdone a todos, aún los que abiertamente lo rechazan y se mueren maldiciendo a Dios.
Tengo que admitir, es agradable pensar que el amor de Dios es tan infinitamente grande que todos últimamente serán salvados. El infierno es un lugar terrible y yo no deseo que nadie vaya allí. Pero no importa lo que pienso. Importa lo que la Biblia dice.
“Dios es amor” (1 Juan 4:8), pero Dios también castiga al pecador y odia a todos los que hacen iniquidad. Dios no es parcial. Él no es simplemente un Dios infinitamente amoroso. Él es también infinitamente justo. Él debe tratar con el pecado. Él debe castigar al pecador.
En la verdad de la palabra de Dios, encontramos que el Señor ha proporcionado un solo camino por el cual podemos ser salvados. Ese camino único es mediante por el sacrificio de Jesús. Para todos los que confían en Él, la salvación vendrá. Pero a los que se voltean de Él, la ira de Dios se queda sobre ellos: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

¿Odia Dios a cualquiera?

¿Odia Dios a cualquiera? La respuesta es sí.
• Salmo 5:5, "Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que obran iniquidad.”  • Salmo 11:5, "Jehová prueba al justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma aborrece.”. • Levítico 20:23, "Y no andéis en las prácticas de las naciones que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación.” • Proverbios 6:16-19, "Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre los hermanos.” • Oseas 9:15, "Toda la maldad de ellos fue en Gilgal; allí, pues, les tomé aversión; por la perversidad de sus obras los echaré de mi casa; no los amaré más; todos sus príncipes son desleales.”
¿Son estos versículos difíciles para leer? ¿Lo hacen sentir incómodo? Deben que sí. Dios odia el pecado. Pero, Él no castiga el pecado. Él castiga al pecador. El pecado no puede ser atado y ser tirado en un fuego. No puede ser puesto en una caja ni pegado a un palo. Es rebelión. Es rebelión en el corazón. Es quebrantar la Ley de Dios. El pecado ocurre dentro del corazón y la mente de personas. Por lo tanto, Dios tiene que castigar al pecador. ¿Por qué? Porque es ambos Santo y Justo y la persona que peca ofende a Dios. El carácter Santo y Justo de Dios no lo permitirá ignorar esta ofensa. ¿Por qué? ....  

La Ley de Dios es Perfecta

Cuando Dios dijo, "Sea la luz” (Génesis 1:3), sucedió. Cuando ordenó que los océanos existieran, “fue así” (v.7). La palabra de Dios es poderosa. Lo que Él dice nunca es inútil, vacío, ni sin el poder.
La Ley es un reflejo del carácter de Dios. Es pura y perfecta. Es poderosa. Los Diez Mandamientos reflejan la santidad y la justicia de Dios. Estos mandamientos no están sin castigos. Una ley sin consecuencias es sólo un lema vacío.
En pecar es de quebrar la Ley de Dios y ofender Su carácter. En pecar es desafiar Su carácter y autoridad. Significa que vas en contra de Su palabra. Pero Dios no es un mentiroso. Su palabra es verdad. Él ha dicho que castigará al transgresor de la ley.
Pero, alabo sea Dios, que mientras todavía éramos pecadores, Jesús murió por nosotros (Romanos 5:6). No hay manera que podemos apaciguar a Dios. Por eso Dios se hizo uno de nosotros (Juan 1:1.14; Hebreos 2:17), para tomar nuestro lugar y llegar a ser pecado en nuestro beneficio (2 Corintios 5:21). Por lo tanto, la gente tiene dos opciones:
1. Confía en Jesús, Dios en la carne, como tu Salvador y pon tu fe en el sacrificio que hizo en la cruz y en nada que tú haces. 2. Rechaza la cruz y deja que la pena de la Ley caiga sobre ti.
O sea Dios pague, o sea que tú lo haces -- para siempre. ¿Cuál será?
"Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado” (Hebreos 10:26). Si no hay sacrificio disponible para ti, entonces la ira de Dios está sobre ti porque Él odia el pecado y tu pecado no ha sido quitado (Juan 3:36). Fíese de Jesús solo o la ira de Dios permanecerá sobre ti para siempre.

Conclusión

El hecho sobrio es que Dios es tan santo y justo que Él odia al pecador (Salmo 5:5; Levítico 20:23; Proverbios 6:16-19; Oseas 9:15). Algunos dicen que debemos decir que Dios sólo odia el pecado pero ama al pecador. Pero, las escrituras antes mencionadas dicen al contrario a eso. Pero es también verdad que Él es amor (1 Juan 4:8). Es preferible aceptar el amor de Dios hallado en Jesús que rechazarlo y sufrir Su ira.
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Fuente: Todo Gracia.-Lasaro Flores